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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

Misión más que imposible

 

Todo comenzó con una entrevista a una joven desertora norcoreana de nombre Lee Hyeon-seo que dio pie a uno de los libros más conmovedores de los últimos tiempos, La chica de los siete nombres, aunque nadie retuvo el nombre de su coautor, el abogado británico D. B. John, que por entonces todavía ejercía su profesión. El éxito de este testimonio sin pretensiones literarias lo llevó a probar suerte como novelista. Tuvo un primer buen intento con Flight from Berlin, pero la que lo ubicó entre los diez mejores thrillers de todos los tiempos es Star of the north, que en español aparece bajo el título Infiltrada (Salamandra, España, 2018) y retoma a Corea del Norte como tema central. La protagonista es una melancólica maestra estadunidense, hija de afroamericano y surcoreana, que lleva años cargando el peso de la misteriosa desaparición de su adorada hermana gemela que, según la versión oficial, pereció ahogada durante una estancia en Corea del Norte donde, casualmente, se han suscitado otras desapariciones de extranjeros, atribuidas al régimen de Kim Jong-il.

Especialista en geopolítica norcoreana, que incluso domina el dialecto de aquella región, Jenna Williams casi no lo piensa cuando se le sirve en bandeja de plata la oportunidad de ser reclutada como agente del gobierno estadunidense para detectar las armas secretas del enemigo que, se sospecha, superan la imaginación de los genios balísticos de la CIA. El gobierno estadunidense está resuelto a explotar no sólo los vastos conocimientos de la tímida, sino su dolorosa circunstancia familiar. El brutal entrenamiento en una granja para espías encubiertos parece insuficiente para hacer frente a Kim Jong-il y la caterva de idólatras que lo cuidan como a una reliquia sagrada; el lector experimenta una creciente angustia cuando se contrastan el arduo entrenamiento de Jenna con la incertidumbre en que viven sumidos los ciudadanos del misterioso país que ella habrá de traspasar, primero, a través de ultras sofisticados satélites de vigilancia; luego, como parte de una comitiva de paz en territorio enemigo. Los otros dos protagonistas de la novela, el coronel Cho Sang-ho y la señora Moon, representantes de clases antagónicas, tienen en común no contar con la seguridad de que estarán vivos al día siguiente. Conforme escala posiciones dentro de la intrincada burocracia militar, el tormento de Cho se incrementa ante la posibilidad de que alguien localice en su expediente alguna mácula que lo haga caer desde el cargo más alto. Pasará, de hecho, de héroe a traidor de la patria en cuestión de horas. La señora Moon, por su parte, se gana la vida con un comercio clandestino de comida en la estación de trenes de Hyesang, ciudad fronteriza con China, rodeada de otras mujeres mayores –ajummas– que se ganan la vida con “sucias prácticas capitalistas”, sobornando a militares, siendo testigo de escenas desgarradoras, una de las actuales le afecta directamente. Su vulnerabilidad ante los caprichos del dios celoso que manda al paredón es exactamente la de Cho…. ¿cómo se espera que una extranjera, por muy versada en la historia, costumbres y lengua norcoreanas, cumpla una misión cuyo riesgo se incrementa conforme sus emociones –por Cho, por Soo-min– se ven más implicadas? Llegará un momento en que ella represente la única esperanza para el coronel caído en desgracia, y viceversa.

D. B. John, notoriamente empático ante la terrible situación de los norcoreanos, ha escrito una novela en la tradición de los grandes Le Carré o Clancy, con un ingrediente extra: el análisis, no exento de subjetividad –pero sí del patrioterismo que uno esperaría en un autor estadounidense, más no en un galés– nos hace comprender que Corea del Norte no es la Alemania de Hitler, donde existían los favorecidos, sino un rebaño humano obligado a actuar como títeres de un dictador que juega a ser Dios como ningún otro de la historia moderna; que incluso los más ilustres patriotas corren el riesgo de terminar fusilados, en un campo de trabajo, o formando parte de horribles experimentos con escitodotoxina x, con la que se pretende ejecutar un ataque biológico contra surcoreanos o japoneses.

 

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