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Bitácora bifronte
Por Ricardo Venegas

Mil palabras por conocer

Es sabido que en todas las lenguas hay palabras cuya función es más bien lúdica, a su combinación les nombramos juegos de palabras y en este rubro hay, incluso, estudios serios (uno de ellos es el de Carlos Busoño: Teoría de la expresión poética) sobre cómo el chiste y la poesía se emparentan. A veces el doble sentido las hace únicas. De cierta forma han vivido siempre con el hombre como el ente biológico que es la lengua. En Mil palabras (2018) de Gabriel Zaid, hay algunos ejemplos de cómo los poetas pueden usar vocablos como “inclusive” para realizar ciertas formas de aclaración: por ejemplo, una Carta de Jaime García Terrés que dice: “Zaid con tino percibe/ la naturaleza culta/ –que melindre nos resulta–/ del terminajo ‘inclusive’./ Mas como a él soy proclive/ debo hacer una consulta:/ ¿es palabra tan estulta/ que inclusive se prohíbe?”, a lo cual se adhiere la respuesta de Gabriel Zaid: “Para el que bien las percibe,/ no hay palabra que sea estulta;/ desde ‘incluir’, también culta,/ hasta ‘inclusive’ inclusive./ Tan maliciosa consulta/ de quien sabe lo que escribe,/ eso sí que se prohíbe/ y se merece una multa.” Hay que recordar que los diccionarios son consultados por el hombre desde hace más de 4 mil años y son y han sido polémicos por su uso; quizá el diccionario sea una convención de las palabras y su uso entre los seres humanos, pero a final la práctica tiene la última palabra, el hablante es quien sepulta o resucita tanto palabras como obras completas.

Es admirable el trabajo que Zaid realiza en este volumen, no sólo por la erudición con la que macera los vocablos y los temas que desglosa alrededor de ellos, también por su capacidad de consultar más de doscientos diccionarios para lograr esta empresa.

Es claro que en la poesía las expresiones también adquieren dimensiones memorables y nos remontan a la sabiduría popular. Tal es el caso del refrán “A tu tierra, grulla, aunque sea con un pie”, como Zaid lo descubre en la edición de la Obra poética, de Ramón López Velarde, realizada por José Luis Martínez en el poema “Humildemente”: “Cuando me sobrevenga/ el cansancio del fin/ me iré, como la grulla/ del refrán, a mi pueblo…” Pero la “grulla” tiene una larga historia en la literatura, en la filosofía y en la vida humana, sus características dan pie a que otros poetas la vean en su obra, como Manuel José Othón: “Nada se oye vivir. Sólo en la hora/ del declinar tristísimo del día,/ la parda grulla en el erial crotora.” Hay diccionarios donde crotora la poesía.

 

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