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Como Josef K en México
'Todos los miedos', Pedro Ángel Palou, Editorial, México, 2018.
Por Roberto Feregrino

En la historia de la literatura hay capturas de momentos que dan cuenta de habilidades estéticas de los artistas, pero también de un proceso histórico que necesita pronunciarse. Las voces de Miguel de Cervantes, Tólstoi, Benito Pérez Galdós, Jorge Luis Borges, Eduardo Antonio Parra, sólo por mencionar algunos, son —y serán— referencias, tanto para lectores como para escritores. Juan Rulfo escribió una sola novela en busca de algo que no encontraba en las lecturas que hacía: Pedro Páramo. Gabriel García Márquez lo leyó e imaginó Cien años de soledad, dibujó Macondo; luego —años más tarde— Élmer Mendoza fabula una novela en torno a Juan Preciado bajo el título de Cóbraselo caro. Constantemente la literatura se recrea y deja resabios que emergen en los escritores por venir.

En El proceso, Franz Kafka narra las inclemencias que padece el oficinista Josef K, un día al despertar y ser juzgado por “alguien” de “algo”. Claramente su crítica nos lleva por el laberinto de la burocracia y no conoceremos de qué se le acusa ni por qué. Estamos atrapados y, al mismo tiempo, somos cómplices de la denuncia que, tras su velo, desenmascara al Poder. La denuncia se ha dado a través de la historia de una u otra formas. Pedro Ángel Palou (Puebla, 1966), ganador del premio Xavier Villaurrutia en 2003 por Con la muerte en los puños, integrante de la “Generación del crack” junto a Ignacio Padilla y Jorge Volpi, autor de Zapata (2006), Morelos: morir es nada (2007), Cuauhtémoc: la defensa del quinto sol (2008), Pobre Patria mía. La novela de Porfirio Díaz, ahora se atreve a novelar algunos de los más atroces sucesos ocurridos en los últimos años: la persecución a periodistas. Todos los miedos (Planeta, 2018) es una realidad ficcionalizada donde Daniela Real, periodista, se ve inmersa en una problemática por denunciar la trata de mujeres por parte de “un antiguo director del IMSS y dos gobernadores”. Amablemente se le exhorta a que guarde silencio, que se vaya de México, pero ella no quiere, tiene la necesidad de seguir demostrando lo que ocurre en un país donde es preferible callar. En palabras de Palou, “México es un cadáver descompuesto, una osamenta raída por el aire y por las aves carroñeras. Ya ni siquiera huele.” Aparece, entonces, un personaje (¿un héroe?) que se llama Fausto Letona, quien será el encargado de tomar la justicia en sus manos a partir de un día que impide la violación de una joven en la colonia Doctores. Letona se convierte en la sombra de Daniela y ella ni siquiera lo advierte. El justiciero llega a ella porque descubre una nota en el periódico donde informa que la han despedido, la amenazan de muerte y el apellido lo relaciona con Augusto Real, secuestrado y asesinado en Tampico, hermano de la periodista. Verdad y corrupción son los tópicos durante la lectura, donde el gobierno intenta silenciar la voz de la periodista. Gerardo Careaga, un político sin entrañas, inicia su persecución. Palou nos ofrece una novela de lo evidente, letras que desenmascaran un silencio oculto por el miedo, noticias que día a día van maquillándose de indiferencia por no encontrar respuesta ante la queja: es un homenaje para Javier Valdez, Rubén Espinosa Becerril, Miroslava Breach Velducea, José Gerardo Martínez Arriaga, Alicia Díaz González y tantos otros periodistas que se suman a la lista de muertos o desaparecidos en un país “con metástasis, país con gangrena”. Hay un sentimiento de indignación a medida que caemos presas y nos apropiamos de todos los miedos; porque somos parte de un suceso histórico que debe ser denunciado.

Hace poco comenzó a exhibirse Hasta los dientes (México, 2018), un documental bajo la dirección de Alberto Arnaut que sigue minuciosamente el asesinato de dos estudiantes en el Tecnológico de Monterrey (Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo), el 19 de marzo de 2010. Hasta ahora sabemos que el Ejército jugó una treta: los mató presentándolos como dos capos del crimen organizado. Un tinglado del absurdo. Todos los miedos es la voz de aquellos que han enmudecido. Durante la lectura nos sentimos como Josef K en un lugar que pareciera conducirnos a un abismo; nuestra única salvación es que la ficción termina en la página 201, pero al cerrar el libro nos avasalla una realidad llena de ejemplos por enumerar y nos preguntamos: ¿hasta cuándo?

 

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