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La pureza: de César Vallejo a Nicolás Guillén, pasando por Galeano

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Uno de los tantos episodios recogidos en El libro de los abrazos (1989), del entrañable Eduardo Galeano, habla de José Manuel Castañón, un militar que había peleado por la causa de Francisco Franco; un represor de la República, pues. Por casualidad, cierta noche, el personaje se enfrenta a un libro de César Vallejo, peruano universal, y no puede dejar de leerlo. Después de la lectura, renuncia a la milicia y a su salario. Luego de estar preso, se resigna a vivir en el exilio.

Este cambio de actitud hizo imaginar la utópica situación en la que alguno de los siniestros individuos que detentan el poder político-económico de este agobiado planeta –por lo menos uno–, reculara luego de la exposición al siguiente poema y se operara una transformación en su conducta.

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Surge el poema vivo e impetuoso. Se muestra sin pudor ante nuestros ojos: “No voy a decirte que soy un hombre puro/ Entre otras cosas/ falta saber si lo puro existe.”

Escrito por Nicolás Guillén (1902-1989), gloria de las letras cubanas, sus estrofas son las últimas en aparecer en el libro Las grandes elegías y otros poemas, que comenzó a circular en 1984. Trotamundos incansable, camarada de grandes personalidades de la literatura mundial, político convencido de las virtudes del socialismo y poeta a ultranza, Guillén legó al mundo una obra poderosa, cargada de ritmo y del color de Camagüey, lugar de su nacimiento. El poema que nos ocupa lo revela rebelde y apasionado.

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En uno de tantos diccionarios que se pueden consultar en línea, el vocablo “puro” se define de las siguientes maneras:

Que no tiene mezcla de otra cosa.

“O si es, pongamos, necesario./ O posible./ O si sabe bien./¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,/ el agua de laboratorio,/ sin un grano de tierra o de estiércol,/ sin el pequeño excremento de un pájaro,/ el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?/¡Puah!, qué porquería.”

Que no contiene ninguna sustancia extraña que lo adultere o lo haga perjudicial.

“Yo no te digo pues que soy un hombre puro,/ yo no te digo eso, sino todo lo contrario./ Que amo (a las mujeres, naturalmente,/ pues mi amor puede decir su nombre) y me gusta comer carne de puerco con papas,/ y garbanzos y chorizos, y/ huevos, pollos, carneros, pavos,/ pescados y mariscos,/ y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,/ y fornico (incluso con el estómago lleno).”

Que tiene una belleza, virtud o corrección no disminuida por ningún defecto.

“Soy impuro ¿qué quieres que te diga?/ Completamente impuro./Sin embargo,/ creo que hay muchas cosas puras en el mundo/ que no son más que pura mierda.”

Que no tiene lujuria u obscenidad.

“Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario./ La pureza de los novios que se masturban/ en vez de acostarse juntos en una posada./ La pureza de los colegios de internado, donde/ abre sus flores de semen provisional/ la fauna pederasta./ La pureza de los clérigos./ La pureza de los académicos./ La pureza de los gramáticos./ La pureza de los que aseguran que hay que ser puros, puros, puros./ La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia./ La pureza de la mujer que nunca lamió un glande./ La pureza del que nunca succionó un clítoris.”

Que es rigurosamente fiel a su deber y principios morales.

“La pureza de la que nunca parió./ La pureza del que no engendró nunca./ La pureza del que se da golpes en el pecho,/ y dice santo, santo, santo,/ cuando es un diablo, diablo, diablo.”

Se refiere a la raza o sangre que no se ha mezclado con otras estirpes.

“En fin, la pureza/ de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro/ para saber qué cosa es la pureza.”

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Probablemente no es exagerado afirmar que, en cierto grado, son sinónimos “puro” y “racismo”, cuya definición es: “Ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás y la necesidad de mantenerla aislada o separada del resto dentro de una comunidad o un país.”

Basta hacer un rápido recorrido por la historia de la humanidad para darnos cuenta de que en nombre de la pureza sanguínea se han cometido los más atroces abusos y crimenes. Asimismo, la defensa de creencias religiosas e ideológias políticas ha provocado guerras que han llevado a excesos, como los practicados por la Alemania nazi o las registrados durante la guerra de limpieza étnica en la desparecida Yugoslavia. El papel de los conquistadores es siempre sentirse no sólo vencedores, sino superiores y “puros”, en todo sentido, a los sometidos.

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“Pureza”, más una abstracción que una realidad. El poema de Guillén cobra una singular vigencia en estos aciagos días en que se imponen opiniones a sangre y fuego (Trump, Ortega) como si fueran verdades absolutas. Es difícil que la lectura de “Digo que no soy un hombre puro”, obre el milagro imaginado líneas arriba, no por falta de fuerza en sus versos sino, simple y llanamente, porque a los “líderes” sus “urgentes asuntos” no les permiten tiempo para lo importante, entre otras cosas, la lectura l

 

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