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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Una noche entre Sarajevo y Veracruz

 

Lo más interesante del grupo de Damir Imamović no es su repertorio sino la perspectiva con que decide abordarlo. Si bien exhibe con orgullo sus raíces balcánicas, el cantante y tamburista bosnio opta por un camino contemporáneo que se agradece en tiempos de adelgazamiento folclórico. Esto fue lo que pensamos durante una presentación privada de su cuarteto en Ciudad de México, luego de un periplo que los llevó al Festival Cervantino y ciudades como Mérida, Guasave y Culiacán.

Expertos en escalas exóticas de gran expresividad, la conversación entre Damir y la virtuosa violinista Ivana Đurić contrastó sobre una base rítmica en la que sonaban el bajo eléctrico de Ivan Mihajlović y las percusiones de Nenad Kovacić. Fueron ellos los encargados de poner al grupo en otro plano, dándole frescura a los lances melódicos del dúo que lo mismo hacía eco del Medievo europeo que de Bizancio, India o el norte de África. Ello parece natural si pensamos que el padre de Damir y su abuelo dejaron huella indeleble con sus voces en el género conocido como sevdah.

Así, entre glissandos microtonales y métricas irregulares que respondieron siempre a la exigencia lírica, los músicos supieron crear momentos de magia pura a base de dinámicas y vulnerabilidad, pues a favor de la intimidad ni siquiera usaron micrófonos. Una postura nacida, probablemente, durante el bombardeo de Sarajevo en la década de los noventa, cuando Imamović aprendía guitarra en solitario, refugiado en el sótano de su casa. Allí también estudió filosofía, lo que terminó por formar su carácter sensible y ecuménico.

Es importante decir que, abriendo la velada, sonó el quinteto Caña Dulce y Caña Brava, liderado por Raquel Palacios Vega (jarana tercera y voz), descendiente directa de don Andrés Vega (Premio Nacional de Artes y Ciencias 2012), su abuelo y pilar del son veracruzano. Hermosamente ataviado, el conjunto nos entusiasmó por el respeto con que manifiesta su tradición, incluso modernizándola para el escenario. Es así como a Raquel se sumaron Adriana Cao (arpa y voz), Violeta Romero Granados (jarana primera, quijada, zapateado y voz), Anna Arisméndez Gómez (guitarra grande y voz) y Alejandro Loredo Ramírez (requinto y jarana de arco).

Impulsados por el sello discográfico Corason, anfitrión de la velada y productor de la gira de Damir, los soneros hicieron eco en sus invitados bosnios con quienes intercambiaron asientos para escucharse mutuamente. Asimismo, lanzaron invitación versada para encontrarse con usted, lectora, lector, en el Foro del Tejedor (Péndulo de la colonia Roma) el próximo 24 de noviembre. Allí darán a conocer el material del que será su segundo álbum. El primero fue Sones jarochos, un compilado con catorce temas clásicos que, en sus manos, subraya la sensibilidad de las cuatro mujeres que lo pueblan.

Dicho esto podemos agregar que, comparándolos en la misma noche, otras reflexiones llegaron a nuestro magín. Verbigracia: mientras los de Veracruz abrazan el aire con arpegios inagotables alrededor de pocos acordes, en estructuras giratorias que apelan a una melancolía campestre, los de Sarajevo, en sentido opuesto, aligeran la masa armónica hasta el mínimo para que los trazos de la voz y el violín insuflen el oído sin resistencias carcelarias. En los mexicanos, además, priman los ritmos ternarios en que caben zapateados, claves donde tiemblan los molares de la quijada, mientras que en los bosnios priman compases compuestos con sietes, cincos y nueves, rasgo que los obliga a una concentración introspectiva.

Si en uno de los grupos la afinación del violín clásico nos llevaba al asombro, en el otro sucedía que la jarana de arco recordaba tardes de milpa y mangos. Si en uno la poesía recorría centurias de migración, en el otro las palabras surcaban decenios de nostálgico estatismo. En ambos, ciertamente, sobraron las sonrisas y la generosidad. Nadie cobró por estar allí. Los asistentes llevamos viandas para la restauración. Fue memorable. Busque y escuche a estos músicos maravillosos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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