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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Rapsodia con dientes feos

Freddie Mercury se hubiera infartado. Eso fue lo primero que pensamos al terminar la película. Avanzamos hacia un empobrecimiento estético. (Eso fue lo segundo que pensamos al terminar la película.) El trabajo de su director, Bryan Singer, atenta contra lo que quiere reivindicar y… ahora estamos seguros: no es por un plan diabólico de mercadotecnia sino por la simple y llana mediocridad que marca nuestros tiempos. (Eso fue lo tercero que pensamos al terminar la película.) Sí. Freddie Mercury se hubiera infartado. Creemos que él, con su maravillosa voz y su descomunal talento, hubiera preferido compartir las rutas que tomó su creatividad para cambiar la historia del rock mientras se conocía a sí mismo. No lo que terminó en el celuloide.

Producto hecho al vapor para la oleada de biopics (películas dedicadas a la vida de alguien) que inunda las pantallas, Bohemian Rhapsody no sólo está actuada con prisa sino que apuesta a un aspecto elemental que las masas celebran pese a su poca originalidad. Hablamos de la imitación. Todo parece basarse en ese aspecto del casting (¿qué tanto se parecen los actores a las personas que encarnan?) y en breves pasajes donde la música deja sentir su magia, pero sin ser el centro de gravedad.

Inverosímil por veloz y superficial, el guión carece de recursos narrativos medianamente creativos. Que el concierto de Live Aid, emblema de 1985, sea el eje rector –inicio y final– de esta suerte de programa televisivo con paupérrima iluminación y fotografía, es otro de los grandes errores de sus productores. Habría que escuchar la opinión, verbigracia, de Bob Geldof. ¿Realmente no fue sino hasta que Queen subió al escenario cuando la gente comenzó a donar dinero para la hambruna en África?

Independientemente de las facetas oscuras de aquel concierto, nos parece una triple injusticia la manera como se trata el tema en la historia. En ella no importan ni los niños muertos de hambre, ni el trabajo filantrópico de Geldof y su equipo, ni el involucramiento de Mercury en una causa justa. Las pocas aristas que aparecen giran todas alrededor del éxito y dineros del conjunto, de las traiciones e incomprensiones que toda gran banda ha pasado y, mucho menos, de la “familia” que conformaron Queen adentro.

Y es que, más allá de los ambivalentes esfuerzos del actor Rami Malek, encargado de personificar a Mercury, ¿qué se puede esperar de un director que se ha dedicado, sobre todo, a contar historias de superhéroes como los X Man y Superman? Articulada sin pericia novelística, el filme nos deja vacíos que no pueden ser llenados con efectos especiales ni superpoderes de alto entretenimiento. O sea que se queda a nivel de Home Video.

Boba y cumplidora con melómanos y fanáticos de Queen, Bohemian Rhapsody le va “poniendo palomita” a una lista de mitos y obligaciones inevitables como si ello justificara rondar aburridamente las relaciones amatorias del cantante. Digamos que subraya y acentúa, precisamente, los aspectos que Mercury hubiera preferido guardarse, desaprovechando la información que sobre su trabajo pudieron dar los sobrevivientes del grupo.

He allí algo que nos decepciona profundamente. Cuesta trabajo creer que John Deacon (bajo), Brian May (guitarra) y Roger Taylor (batería) estuvieran de acuerdo con un trabajo que los minimiza de tal forma, dejándolo todo –y como sucediera en vida– sobre los hombros del cantante nacido en Zanzíbar. No equilibran la balanza los chispazos con que revelan su genio instantáneo: el momento en que May propone la base rítmica de “We Will Rock You” para involucrar a la audiencia; o el momento en que Deacon aborda el bajo que dará vida a “Another One Bites The Dust”. Para ser justos, empero, debemos decir que John Deacon vive lejos de los reflectores y de los proyectos que surgen alrededor del grupo. Renunció a ello hace veinte años.

Así, ni la música ni el talento de Freddie Mercury son los protagonistas de Bohemian Rhapsody. Lamentamos igual, lectora, lector, que la prudencia histórica de Mary Austin (el más importante amor de su vida), respalde un trabajo tan menor que, claramente, decidió mover las cosas en torno a… sí… un par de dientes feos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

 

@LabAlonso

 

 

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