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La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

Olga Harmony, la crítica y la imaginación escénica

 

El espacio de imaginación y crítica que abrió Olga Harmony en la historia de la literatura y la crítica teatral mexicana, es decir, en el periodismo altamente especializado, que se articula casi del mismo modo que el trabajo del reportero siempre cercano a sus fuentes, permanecerá entre nosotros porque documenta el trayecto de un arte que no siempre fue atendido con la continuidad y el asombro que ella consiguió.

Pensaba en Olga Harmony al momento de planear esta nota por el escaso protagonismo que tuvo el teatro en las conmemoraciones de los cincuenta años del Movimiento estudiantil de 1968. Hoy es importante hacer un balance, por ejemplo, del trabajo de Silvia Peláez, David Psalmón, Flavio González Mello y Eduardo Ruiz Saviñón, entre otros.

Pensé en el excelente trabajo que publicó bajo el título “El movimiento de 1968 en el teatro mexicano”, en Tramoya, la revista de teatro de la Universidad Veracruzana, en el número 31 (abril/junio, 1992). ¿Qué pasó después de veinticinco años de ese texto? Sabemos que aquí y allá se montaron muchas obras mexicanas que declaraban su influencia de esos acontecimientos en Tlatelolco, pero sin ser un eje de sus meditaciones.

El teatro del 68 empezó a ser todo el teatro mexicano politizado concentrado en las libertades, en las capacidades de cambio que caracterizaban a los jóvenes que, en otra latitud, hicieron caer el Muro de Berlín, que protagonizaron la fuerza del sindicalismo en Polonia y se mostraron heroicos en el cisma de la exYugoslavia y, después, en las movilizaciones en China y en el mundo árabe. En México hemos tenidos motores de reflexión semejantes.

El Sistema de Teatros de CDMX fundó un premio con el nombre de Olga Harmony para estimular la crítica teatral y el reconocimiento a jóvenes críticos espectadores. La originalidad de su trabajo, la brevedad contundente de sus aproximaciones criticas, signan a una crítica que siempre fue polémica. Escribió Rodolfo Obregón en su muro: “Me precio de ser autor de la frase ‘si a Olga le gusta, algo hicimos mal’ o ‘si a Olga no le gustó, hay que ir a verla’.” Enuncio una de las formas en que también fueron recibidos sus comentarios por una parte de la comunidad teatral.

En su muro, el director Enrique Singer, titular de la Compañía Nacional de Teatro, escribió: “Me entero de la muerte de Olga Harmony. Tal vez la más importante crítica teatral del siglo XX, dramaturga y sobre todo gran amiga. La recordaremos siempre con gozo.” Entre los comentarios que recibió destaca el de Rodolfo Obregón, crítico en la revista Proceso, investigador en el Citru y en un momento su director, que le advierte a Singer: “Cuidado Enrique con la mistificación! (sic) Olga fue mi amiga y lamento mucho su muerte, pero su pensamiento sobre el teatro y su pluma están a años luz de Usigli y Villaurritia, Magaña-Esquivel e Ibargüengoitia, Esther Seligsson y Bruce Swansey...”

El comentario provoca un matiz de Enrique Singer, quien le contesta amable: “Tienes razón, en todo caso está entre los grandes críticos.” A este diálogo le sucede una intervención de la actriz y maestra Teresina Bueno, que le pregunta a la autoridad: “Bueno pero hablamos de la época que nos tocó. A mí todavía me tocó Bruce (Swansey). Ahora está otra época de crítica teatral. ¿Cuáles son tus favoritos actuales en publicaciones de crítica teatral constante? Gracias.”

Sería muy interesante que la actitud desmitificadora de Obregón, en medio de los pésames, se acompañara de un análisis mucho más generoso y rico sobre la modesta riqueza de la crítica que rema a contracorriente en una prensa cultural cada vez más fatigada tanto por el desinterés de los lectores como de los dueños y anunciantes de los medios. Valdría la pena hacer un diagnóstico de la diversidad que hoy representan las participaciones de Alegría Martínez, Juan Hernández, Jaime Chabaud, Braulio Peralta, Luz Emilia Aguilar Zinser, Helena Hernández, Alejandro Laborie, Estela Leñero, Tomás Urtusástegui, Gonzalo Valdés Medellín, en fin, muchos más que omito en esta pequeña lista de meros ejemplos y que son, les guste o no, los paisajistas del teatro mexicano de finales del siglo XX y el inicio de este siglo.

 

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