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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Portugal en la FIL de Guadalajara,más allá del fado y la melancolía

Cumplamos con la obligación de citar un nombre para llegar con rapidez a donde deseamos: Amalia Rodrigues. Se le conoce como la Reina del fado. Es la responsable de que esta música –el fado– se volviera reflejo internacional del temperamento portugués. Hablamos de un género portuario y suave que tiene en la pobreza de barrio y en las aguas del mar su materia prima. Muerta en 1999, esta cantante y actriz es la más exitosa en la historia de Portugal. Pero hay más voces luego de ella. Listo.

Escribamos entonces el nombre de tres escritores desaparecidos e ineludibles, antes de llegar a donde deseamos: Luis de Camoes, Fernando Pessoa y José Saramago. El primero encamina a la literatura portuguesa hacia el barroco a finales de la Edad Media, perfilando un nacionalismo condimentado con viajes exóticos, amores oscuros y pobreza fatal. El segundo es el poeta más reconocido del país lusitano. Poderoso y centrífugo gracias a sus muchos heterónimos, la creatividad de Pessoa hizo cumbre con poemas entrañables (“Gato jugando en la calle como si fuera en la cama, tu suerte estoy envidiando porque ni suerte se llama”). El tercero fue un Premio Nobel bien amado en México, país al que se vinculó especialmente a partir del movimiento zapatista de los años noventa. Tiene libros memorables como, precisamente, aquel dedicado a Pessoa: El año de la muerte de Ricardo Reis. Pero hay más plumas luego de ellos. Listo.

Finalmente, y antes de llegar al verdadero punto de partida de nuestra columna, lectora, lector, subrayemos un concepto insoslayable para la cultura y el temperamento portugueses: saudade. Como seguramente ha escuchado, se trata de un término en el que se funden la melancolía, el deseo, la tristeza, la esperanza, la resignación y otros sentimientos que se arrebatan la voz dentro del pecho. Hablamos de la argamasa con que se unen, justamente, la música y la poesía portuguesas desde principios del siglo XIX. Algunos lo ven como una resiliencia con inercia mediterránea ligada a los avatares del océano durante las conquistas africanas. Siendo eso y otras cosas, pisando el puerto de Lisboa al atardecer también aparecen muchas sensaciones más. Listo.

Ahora sí, digámoslo: este domingo termina la Feria del Libro de Guadalajara cuyo país invitado fue, precisamente, Portugal. Por ello varios de sus mejores actores, bailarines y músicos llegaron a los escenarios del Conjunto de Artes Escénicas (CAE), exhibiendo ecos pasados pero también futuros posibles. Verbigracia: el guitarrista José Manuel Neto, el coreógrafo Paulo Ribeiro, el compositor Luís Tinoco, el dramaturgo Tiago Rodrigues, la fadista Teresa Salgueiro (sí, la de Madredeus) y, muy especialmente, el cantante Ricardo Ribeiro junto al intérprete de ud y compositor Rabih Abou-Khalil.

Ellos dos presentaron Toada de Portalegre en la Sala Plácido Domingo, el pasado domingo 25 de noviembre. Hablamos de un poema de José Régio llevado al fado pero con agregados libaneses. Un muy afortunado encuentro en el que suenan antiguas tradiciones pero desde una perspectiva contemporánea difícil de explicar. De bello timbre, la voz de Ribeiro bailó con el ud de Rabih mientras la Orquesta Filarmónica de Jalisco los elevaba formidablemente. A ellos se sumaron el percusionista estadunidense Jarrod Cagwin y el director Jan Wierzba. Un concierto generoso que en la sala principal del CAE alcanzó profundas intimidades.

Hubo otros artistas lusitanos en el Foro FIL (Ana Bacalhau, Gil Do Carmo, Camané, Sara Tavares, Luís Represas), justo donde hoy termina la feria a manos de Katia Guerreiro y el mariachi Los Tapatíos. Hablamos de la reunión de una de las mayores representantes del fado actual con tres voces de la música folclórica y el rock mexicanos: Paloma del Río, Ugo Rodríguez (Azul Violeta) y Pascual Reyes (San Pascualito Rey). Esto parece recomendable por la trayectoria de Guerreiro y por la energía que nuestros connacionales aporten a este “choque de melancolías”. Una cantará con serenidad, otros desde la estridencia… ¿qué sucederá entre el azul del sueño y el rojo amoratado? Veremos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

 

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