Usted está aquí: Portada / Cultura / Patti Smith o la devoción por el arte
Usted está aquí: Portada / Cultura / Patti Smith o la devoción por el arte
Patti Smith o la devoción por el arte

¿Qué es un artista?

 

En su curioso relato “Devoción” (incluido en el libro del mismo título), concebido y escrito a vuelapluma durante un viaje en tren por Francia, tras hospedarse en la que fuera casa de Albert Camus, en Lourmarin, una inspirada Patti Smith, la de ahora que acarrea un pañuelo bordado de hilo con nomeolvides, obsequio de su hija Jesse, encarna al Arte en una patinadora adolescente que ejecuta osadas piruetas alrededor de una fuente ruinosa, y embruja a un curioso que habrá de convertirse, simultáneamente, en descubridor, mecenas, amante…. y en la figura paterna que es preciso asesinar para liberarse de ataduras emocionales. Este relato atemporal y de talante fantástico surge tras una profunda relectura de Simone Weil, la visión de una antigua tumba sin nombre donde está inscrita la palabra dévouement y el deslumbramiento que le produce la participación de una patinadora rusa en un campeonato transmitido por televisión. Todo cuanto imagina tiene fondo musical, “la música de mi imaginación”:

 

Mientras duermo, el genio se combina, se regenera. La cara decidida y con forma de corazón de Simone se funde con la cara de la joven patinadora artística rusa. El pelo oscuro y corto, los ojos oscuros que penetran cielos aún más oscuros. Trepo por el lateral de un volcán rallado en el cielo, con el calor que emana del pozo de devoción que es el corazón femenino.

 

Pero la experiencia general que transmite la narrativa de la rockera y escritora pudiera resumirse de la siguiente manera: el artista empieza por crear un mundo personal y congruente, y termina haciéndolo accesible y acogedor para otros. Aunque uno tiene la imagen de Patti Smith como miembro de la realeza del rock, lo cierto es que en sus libros autobiográficos –“autoficcionales”– su existencia transcurre como la de cualquier mortal, sin muchedumbres de fanáticos acechándola –a menos que, por modestia, omita tales episodios–, con tiempo suficiente para derrochar sus talentos, obteniendo reconocimiento también como fotógrafa y dibujante. Invariablemente su prosa irá acompañada de imágenes capturadas con su Polaroid del ’67, inseparable compañera… hasta que en el aeropuerto de Newart Liberty, en Alemania, un guardia de seguridad la desentrañe en busca de “cuerpos extraños”.

 

Patti y Robert en el Hotel Chelsea

 

Antes siquiera de considerar la posibilidad de ser cantante y liderar una banda –una chica al frente de una banda compuesta por varones–, encontró a un compañero excepcional, el fotógrafo Robert Mapplethorpe, que empezó siendo su mejor amigo y nunca dejó de serlo cuando pasaron a convertirse en pareja sentimental y, posteriormente, al reconocer él su homosexualidad. Hijo de católicos practicantes, casi fanáticos, Mapplethorpe (1946-1989) terminó siendo uno de los artistas visuales más transgresores de los años setenta. Aunque sus intereses eran tan variados como los de Patti, la faceta que le dio fama y fortuna fue la de “pornógrafo”…. Entrecomillo, pues su apuesta era demostrar que puede hacerse arte partiendo de escenas hardcore, algunas brutales. Perseguía ante todo el realismo: retratar el ejercicio de la sexualidad humana con descarnada franqueza, más allá de la provocación de subversivos como Warhol, o del soft porn de las películas de explotación, y no en pocas ocasiones recurrió a sus propios genitales para elaborar asombrosos collages. Vale la pena destacar que, al margen de ser de los muy pocos fotógrafos de pornografía que ameritó ser expuesto en recintos más que respetables, Mapplethorpe era, ante todo, un fotógrafo excepcional. Le debemos los mejores retratos de Patti Smith empleados tanto para las portadas de sus libros como para las carátulas de sus discos, como el legendario Horses.

Éramos unos niños, donde Patti narra su vida al lado de Mapplethorpe, es, entre todos sus libros, el que ameritaría ser nombrado “novela”, aunque haya obtenido el National Book Award 2011 en la categoría “No ficción”. Es, ante todo, una autobiografía de juventud, aunque la autora no acapare el rol protagónico pues Robert es parte inherente a su persona y su formación. Nacida en el North Side de Chicago, el 30 de diciembre de 1946, Patricia Lee Smith se crio en el seno de una familia católica y armoniosa y tuvo una infancia feliz y campirana, descubriendo sus primeros libros y ensayando sus primeros relatos durante las convalecencias de enfermedades amigables propias de la infancia. A los diecisiete años, explorando con un amigo que no llegaba a novio, la futura artista quedó encinta. Los padres se solidarizaron con ella y la enviaron lejos de habladurías. Patti sería protegida por un matrimonio bien avenido, y su hijo depositado en manos confiables, pero lo más notable es que fue precisamente durante aquel trance que descubrió su vocación artística, si bien pasarían varios años para darle forma a esas inquietudes, manifiestas casi siempre en versos. Iluminada por Rimbaud, la muchachita flaca invertiría sus últimos centavos en un pasaje rumbo a Nueva York, donde llevaría vida de homeless durante buen rato, antes de lograr su primer empleo como cajera en una librería donde conocerá al personaje más trascendente de su vida, Robert Mappplethorpe, quien no sólo la rescata de un momento embarazoso, sino además se le manifiesta como un alma gemela: “Vivíamos a base de pan duro y latas de estofado de buey. No teníamos dinero para ir a ninguna parte, ni televisor, teléfono ni radio. Pero teníamos nuestro tocadiscos y lo preparábamos para que el disco que habíamos elegido sonara mientras dormíamos.”

La odisea narrada por Patti; la de ella y Robert persiguiendo un sueño que ninguno tiene muy claro y sin embargo los acecha a la vuelta de cualquier esquina, los lleva directo al legendario Hotel Chelsea, donde se codean con otros artistas homeless, alguno de los cuales llegarían a ser muy famosos, o lo eran ya, como Janis Joplin… y es justo allí donde ese sueño común empieza a cobrar impulso. El talento y el carisma que juntos irradian, mezclado con aquel aire famélico que dista de ser pose; las ropas adquiridas en bazares de segunda y sus apariencias tan peculiares, Robert, bello como un ángel; Patti, andrógina, confundida a menudo con otro muchachito hermoso; esas miradas de una claridad propia de los que no llevan prisa, les acarrea no sólo amigos, también admiradores, incluso mecenas. Imposible imaginar que Robert escandalizará al mundo entero y se convertiría en el dios de Andy Warhol, y que Patti, en contraparte, actuará acorde con su educación católica, casándose por la iglesia con el también músico Fred Sonic Smith (“para no perder el apellido”) y concibiendo un hijo y una hija que la llevarían a contemplar la idea de retirarse… se apartó de los escenarios, de hecho, durante casi quince años, hasta que el corazón de Fred falló súbitamente el 4 de noviembre de 1994.

 

El café de Patti

 

El éxito llega simultáneamente para Patti y Robert, y en medio de la vorágine, tras muchos años de tierna complicidad, sus caminos se bifurcan sin dejar de estar uno en la vida del otro. Ella le permite capturar momentos inimaginables en la existencia de una cantante de punk rock; su cotidianidad como madre, esposa y ama de casa que forman parte no sólo de la colección de él sino de la obra artística de la propia Patti, quien no para de escribir canciones, poemas y narraciones durante su retiro. Su sola actitud; su pensamiento, sus sueños, son fácilmente traducibles al arte. La separación definitiva sobrevendrá cuando Robert sucumbe a la “epidemia” de los ochenta –el sida–, el 9 de marzo de 1989, y hasta el último aliento, Patti estará cogida de su mano. Tocada en cierta medida por la viudez, Patti ve partir a Fred cinco años después, como si su delgadez se fusionara con la de Robert en el éter. Es difícil imaginar a Patti llorando. Riendo no, pese a su renuencia a mostrar los dientes. Intuyo que se escondió para llorar intensamente a sus muertos durante no más de una semana y a continuación buscó a viejos amigos para retomar su carrera musical, empezando por Michael Stripe, vocalista de r.e.m. y Bob Dylan, quien ni tardo ni perezoso la incorporó a su gira internacional de finales de 1995. La recepción del público le hizo descubrir que jamás había abandonado los escenarios, que su alma había permanecido ahí todo este tiempo. El suicidio de Kurt Cobain en 1996 la afectó mucho porque realmente lo admiraba, aunque declaró sentirse mucho más enojada que triste. De esos sentimientos encontrados surge la canción “About a Boy”, incluida en su primer disco desde 1988, Gone Again. En su disco de 2011, Outside society, incluye una peculiar versión de “Smells Like Teen Spirit”, con su inconfundible voz de contralto que, sin alcanzar altas notas, resulta tremendamente expresiva y emotiva. Aunque ha recreado canciones de Tears for Fears, los Rolling Stones y los Beatles, entre otros, tanto sus covers como sus propias canciones están sustentadas en asuntos muy concretos que, a través de su voz, vibrando en consonancia con el dolor de otros, cobran un nuevo sentido y el poder de cimbrar a los más indiferentes.

En lo personal, prefiero a la Patti Smith escritora; la de la cabellera abundante, aunque plateada; la adolescente de pecho plano de setenta y un años. Ha consagrado los años más recientes a viajar incansablemente –“vagabundear” sería un término más apropiado– a viajar ligero únicamente con lo indispensable: cámara, libreta, pluma y (lo primordial) un libro, para estampar sus experiencias y nostalgias en una serie de extraordinarios libros inclasificables, cruza de diario, crónica de viajes, relato y ensayo. Se adapta con inaudita facilidad –y sin costos para su salud– a cualquier circunstancia o clima, como si fueran las cafeterías que frecuenta… y cada cafetería, advierte el lector, es en sí mismo un lugar apartado del mundo. Un país colonizado por esta clienta eternamente acompañada de libros, que siempre solicita un café negro y panecillos de avena como acompañamiento para su escritura larga y sin tregua.

 

 

 

1240
comentarios de blog provistos por Disqus