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Prosaísmos
Por Orlando Ortiz

Sub Terra, de Baldomero Lillo

 

Baldomero Lillo (1867-1923) es un escritor chileno que merece más atención de la que le han prestado los dedicados al estudio de las letras en nuestra Hispanoamérica. Nació en una región minera por excelencia pero no fue minero, tampoco empleado de las compañías mineras; no obstante, los cuentos que integran este volumen titulado Sub Terra son una disección desesperante de la vida de los mineros, de los que trabajan extrayendo el carbón de socavones que no sólo perforan las entrañas del suelo, pues hay minas cuyas galerías se adentran en el mar, duplicando los riesgos del trabajo.

Apunté el hecho de que no fue trabajador de las minas directamente porque sorprende la sensibilidad que muestra y la eficacia y fuerza con la que nos transmite la vida de esos hombres, y también la de sus familias, esposas, hijos, e incluso los animales condenados a la tarea de mover carretillas y vagones en el interior de las galerías. Lo admirable, también, es que a pesar de vivir en una época en la que el “realismo socialista” hacía de las suyas, Lillo muestra un distanciamiento saludable ideológicamente, mas no exento de mostrar (¿denunciar?) la explotación y las injusticias sufridas por los mineros y sus familias.

Sus cuentos muestran un talento sobresaliente, una intuición narrativa que sorprende y una increíble capacidad para contarnos sus historia, pues si bien era un ávido lector de grandes maestros de la narrativa y realizó estudios, nunca hizo una carrera de letras que le hubiera permitido conocer técnicas narrativas que utiliza con fortuna en sus relatos. No obstante, su habilidad para entrar en el alma de sus personajes es notable, pues lo hace de manera tal que nos lleva al desgarramiento de esas criaturas miserables y a la vez, en ocasiones, heroicas.

Intensidad, concentración y fuerza dramática son los pilares en los que se apoyan los textos de Baldomero Lillo. Su apego a expresiones criollas y costumbres locales le valió que fuera menospreciado, pues el modernismo de expresiones finas y rebuscadas campeaba en nuestra América, y a él se aunaba la lectura de novelas francesas y rusas, al grado de que, en opinión de algunos estudiosos, los personajes y la atmósfera de numerosas novelas chilenas daban la impresión de estar ocurriendo en alguna aldea de Tolstói, Turguéniev, Dickens o Maupassant. Lillo, no obstante, supo mantener sus convicciones y lograr cierta notoriedad como autor de relatos proletarios, criollistas con tintes naturalistas pero de calidad tal que con su cuento “Juan Fariñas” obtuvo el primer premio de la Revista Católica. Posteriormente siguió publicando cuentos en revistas y periódicos.

La primera selección de estos cuentos apareció con el título que da nombre a esta columna: Sub Terra. Una de estas historias, “La compuerta número 12” aparece en numerosa antologías y hay quienes lo consideran el mejor de sus cuentos. Sin embargo, al conocer el resto de los que integran el volumen, me pregunto si tal aseveración no es producto del desconocimiento, pues tengo la impresión de que todos ellos son de igual calibre que el mencionado.

En 1898, enfermo de tuberculosis, Lillo se trasladó a Santiago en busca de mejores condiciones de trabajo y consiguió un modesto puesto como empleado en la universidad. En 1919, tempranamente jubilado, escribió a un amigo solicitándole un préstamo para liquidar una deuda de mil pesos que lo había agobiado a lo largo de tres años. Su jubilación era miserable, sólo 125 pesos mensuales. “He querido ganar algo con la pluma pero —escribió en la carta— me he estrellado con la mezquindad de los directores de revistas que como el de Zig-Zag me da $30 por un cuento que me ha costado quince días de trabajo.”

La fuerza de sus narraciones es tal que en algún momento surgió la “leyenda”, o la idea, si se prefiere, de que influyeron para lograr que fuera reformada la legislación minera en Lota y Coronel, regiones en las que transcurren las historias de Sub Terra. No desparecieron la explotación y la injusticia, pero menguaron algo, se dice.

 

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