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Vigencia de Juan de Mairena
'Por ahora', Antonio Deltoro, Ediciones Sin Nombre, México, 2018.
Por José María Espinasa

El gran poeta español Antonio Machado dio a sus lectores, en los años treinta del siglo pasado, una gran sorpresa, con la creación de Abel Martín y Juan de Mairena, heterónimos singulares y contrastantes con el tono clásico que el propio Machado había instaurado décadas antes con sus Campos de Castilla y sus Soledades. De golpe, el estandarte lírico de la generación del ’98 se volvía un poeta de vanguardia que rebasaba a sus discípulos del ’27, y se situó desde entonces como uno de los faros que ilumina la lírica en nuestro idioma y adquirió para siempre la imagen de un poeta joven. En México, uno de los grandes lectores del autor de Los complementarios es Antonio Deltoro.

La poesía de Toni (como le decimos sus amigos) está en un registro poco frecuente hoy: el de la tranquilidad más sabia que inteligente que Machado o Mairena instauran como actitud ante el mundo. Como sabemos, la poesía de Machado tuvo, a partir de la musicalización que hizo Juan Manuel Serrat de algunos textos suyos, una proyección más allá de los lectores de poesía, siempre minoritarios. La condición paradójica en él es singular: ese poeta que dejará este mundo ligero de equipaje y que tiñe su escritura de modestia y humildad es, a la vez, uno de los escritores que ha hecho más autorretratos líricos.

Sabemos el trágico final de su vida, cuando huye a Francia en 1939 para escapar de las tropas franquistas, y evitar así ser detenido y probablemente fusilado, a pesar de su inmenso prestigio, pues su labor en pro de la República y su gobierno legítimo, así como su trabajo en la ya legendaria revista Hora de España, lo hacían un blanco evidente para el rencor de los alzados. En Colliure, ya en Francia, y sumido en la miseria –se cuenta que él y su hermano se turnaban el único traje que tenían para poder salir a la calle-, encuentra la muerte apenas unos días después de cruzar la frontera. Y se erige, como Lorca, en símbolo de la lucha por la libertad.

Con Juan de Mairena, Machado descubre un humor fantástico y fascinante, pleno de gracia juvenil pero no exento de la melancolía de la vejez, y se afirma en la necesidad que tiene el poeta de oír el habla de la calle, la sabiduría del arroyo. Y sabe también y asume, la puesta en duda de toda certeza y evita sustituir una por otra cualquiera, edificando la razón de la incertidumbre. Algo similar hace Antonio Deltoro en su libro recién aparecido Por ahora, compuesto de máximas, aforismos, greguerías, anotaciones al paso, reflexiones vitales e íntimas. Un libro al que se puede calificar, en el mejor sentido, de radiante. Esa palabra se suele usar para describir a alguien que trae una luz interior evidente, y resulta muy pertinente para calificar este libro.

Hace más de un año le dije, con un dejo cariñoso de reproche, a Antonio Deltoro, a quien me encontré en la Fundación para las Letras Mexicanas, donde se encargaba de la tutoría de poesía, que nunca me había dado un libro suyo para publicar, y me sorprendió su respuesta: acabo de terminar uno que te voy a mandar de inmediato. Llegó justo a tiempo para que Ediciones Sin Nombre pudiera presentarlo al proyecto de coedición de la Dirección de Publicaciones de la Secretaría de Cultura federal, y que hoy vea la luz pública.

Es un libro singular que se presenta como bisagra articuladora entre la poesía en verso de Deltoro y su labor ensayística y refleja esa lectura tan actual de Juan de Mairena. En sus ensayos él hace evidente su progenie: poetas como Octavio Paz o como Eliseo Diego, y hace también evidente su interés por el oficio de escritor, por la carpintería de los versos. El libro en el que reúne sus ensayos, publicado en 2012, se llama con intención evidente: Favores recibidos. Poco después de que entregó el original del libro para su edición tuvo un accidente que le ha traído fuertes problemas de salud de los que está en recuperación. No pudo, como le gustaba, seguir el proceso de publicación. Hoy que el libro es ya una realidad su aparición representa en cierta manera una manera de decirle: gracias por los favores recibidos de su poesía y de su amistad.

Machado, al contrario de la impronta que pone Rimbaud a la poesía, es más poeta entre más edad tiene. Y la madurez conquista la transparencia. En su cauda, José Moreno Villa termina escribiendo hermosas canciones infantiles y José Bergamín décimas que pueden servir de arrullo a los hombres inquietos. Hay un horizonte de la poesía que siempre desemboca en la canción de cuna. Deltoro está en esa línea. Por añadidura, Por ahora se suma a esa heterodoxa y aún no bien consolidada tradición de escritura fragmentaria en México, que corre paralela al microrrelato, esa tan necesaria brevedad inteligente en estos tiempos. Pero Deltoro nos enseña algo muy de Machado: el verdadero vértigo no está en la rapidez y la aceleración sino en la demora, pues sólo la mesura puede ser realmente desmesura. Machado, Abel Martín y Juan de Mairena siguen presentes gracias a libros como Por ahora.

 

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