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Bitácora bifronte
Por Jair Cortés

Óscar Chávez, poeta maldito

Óscar Chávez (Ciudad de México, 1935) es autor de “Por ti”, una de las más hermosas y conmovedoras canciones de la historia musical de Hispanoamérica de los últimos cincuenta años. La forma en la que expresa la desgarradora condición del que ama la convierte en una pieza que hechiza por la fatalidad que retrata: “Por ti, yo dejé de pensar en el mar,/ por ti, yo dejé de fijarme en el cielo,/ por ti, me ha dado por llorar como el mar,/ me he puesto a sollozar como el cielo/ me ha dado por llorar./ Por ti, la ternura se niega conmigo,/ por ti, la amargura me sigue y la sigo,/ por ti, me estoy volviendo loco de celos,/ se vuelven contra mí mis anhelos,/ se vuelven contra mí./ Por ti, la vida se me ha vuelto un infierno,/ por ti, estoy muerto de amor tan enfermo,/ por ti, se han vuelto llaga el sol y el dolor, /se han vuelto mal la flor y el amor,/ se ha vuelto mal la flor./ Por ti, el mar es la locura del cielo,/ por ti, el llanto es una llaga de celos,/ por ti,/ el dolor es el sol sin la flor,/ el infierno es amor tan eterno,/ el infierno es amor.” En “Por ti”, están presentes los cuatro elementos: el agua (el mar, el llanto) y el fuego (el sol, el infierno), cuya (aparente) oposición transmite una sensación de imposibilidad amorosa; luego, el aire (cielo) y la tierra, en donde nace el símbolo de la belleza y el amor mismo: la flor, que en “Por ti”, “se han vuelto mal…” (“The sick rose”, de William Blake o Les fleurs du mal, de Baudelaire). Así, comprendemos cómo el ser amado eclipsa con su existencia todas las cosas, y cómo el que ama toma sus propiedades melancólicas (“llorar como el mar”, “sollozar como el cielo”), para convertirse en un “maldito” cuya alma se obscurece, aquejada por los celos y el desprecio. Pero lo fascinante es que, a pesar de ello, Chávez no menciona que el amor es el infierno, sino que “el infierno es amor”, por lo que podemos deducir que aun así, el mismo infierno es otra de las formas del amor.

 

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