Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bemol sostenido
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bemol sostenido
Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Silencio

 

Grieta en el tiempo, el silencio no es vacío ni espacio en que la nada ensaya sus divertimentos. Paréntesis entre dos energías, la mudez momentánea del bosque o del desierto claudica siempre al paso de la araña o del viento. Es un lienzo involuntario en que comulgan durante instantes breves las voces de los elementos. No es ese tipo de silencio el que nos llama hoy a la escritura. El silencio en la música es catapulta, resorte, tensión y contrapeso. Es promesa cantada por una muerte aniñada que se sabe efímera, sitiada entre sonidos vivos.

En una canción, el silencio no es Coma, ni Punto y Seguido, ni Punto y Coma. Es Final de Título, Punto y Aparte o Punto Final. Articula motivos y secciones insuflando pulmones invisibles por los que respira el compositor, sacando la cabeza a la realidad. Mesa en que la cena aterriza, disminuye, se mueve y agoniza, también es el negativo de fotografías aéreas. Es un abismo necesario que arrastra a las notas haciéndolas elásticas, llevándolas al olvido individual mas sin perturbar la huella colectiva. Porque una cosa es la pisada que se aísla y desvanece en arenas movedizas y otra la que dura encadenándose en la melodía. Aunque al final desaparezca, su eco se extiende en la memoria.

De eso también está hecho el silencio de la música. De memoria. De inercia desgastada que resuena piel adentro, allí donde ya no existe el remanente de ningún instrumento construido por el hombre. El silencio en tal sentido es, entonces, caja en que vibra el eco de ideas, sentimientos y aromas, residuos lejanos al retumbo. Y su enemigo, lectora, lector, no es el ruido sino la materia organizada en un tiempo lleno de poleas, transitado por el habla de los dioses.

Dicho esto. El silencio en la música se puede dividir en tres diferentes tipos determinados por los momentos en que ocurren. Uno es el anterior, el que la precede antes de que algo suene. Lleno de expectativa, es el que capta la mayor de las atenciones. Otro sucede dentro de un fluir de río, justiciero. Es el silencio escrito, planeado como sus hermanas, fusas y semifusas que chisporrotean en distintas voces. Y uno más pasa al final, cuando el cuerpo de la música ha atravesado el ojo de la aguja dando sitio al desenlace. Este último, claro, puede transformarse en el primero nuevamente, fundiéndose entre dos canciones.

Hay silencios inolvidables. El más extremo de todos, sin lugar a dudas, fue obra de un artista sin parangón en la experimentación contemporánea. Hablamos de la pieza “4’33” del estadunidense John Cage, cuya partitura muestra, precisamente, cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencios escritos. Hecha para que la audiencia participe desde sus butacas, cuando se presenta en vivo exhibe a un pianista que se sienta, abre el instrumento, toma el tiempo y, pasado el lapso mentado, se pone en pie y agradece. Muchos creerían que es una tomadura de pelo, pero no. Se trata de una reflexión honesta sobre el sentido del silencio.

Otro momento de mutis inolvidable es el de “Never Tear Us Apart”, clásico de los australianos de INXS, cuando tras el vals arreglado entre cuerdas de orquesta todo se petrifica gracias a un poderoso silencio, auténtico llamado al nuevo orden, poco antes del arpegio de guitarra y los crescendos de batería. En el final de la “Séptima sinfonía” de Beethoven, por ejemplo, también suceden silencios monumentales en los que se ahoga la jauría de la orquesta que llega a su clímax grandilocuente.

Finalmente, valga el recordatorio de una oda al silencio que, curiosamente, no se detiene ni un instante. “Enjoy the Silence”, de Depeche Mode es, probablemente, la más explícita canción del pop que apela al valor de cerrar los labios, pues: “Todo lo que siempre busqué, todo lo que necesité está aquí en mis brazos; las palabras son muy innecesarias, sólo pueden hacer daño.” Introspectiva y melancólica, esa letra enaltece la hermosa posibilidad que siempre late y nunca nace en el silencio. Callémonos pues. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

comentarios de blog provistos por Disqus