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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

Un crimen literario

 

Peruano de origen, radicado en España desde 1991, Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964) es autor de una docena de libros de fuerte contenido político –Los años inútiles, El año que rompí contigo, entre otros– escasamente conocidos en México, que pega una arriesgada voltereta hacia la novela policíaca donde, sin abandonar su postura crítica y analítica, apunta hacia la subterraneidad de las agencias literarias, negocio que puede llegar a ser todo menos literario. En El asesinato de Laura Olivo (Alianza Literaria, España, 2018), ganadora del XIX Premio de Novela Fernando Quiñones, una despiadada agente literaria –de la cual conoceremos diversos matices de personalidad conforme avanza la trama– es asesinada por su amante, la periodista Lucía Luján, o al menos todo apunta hacia ella, considerada sospechosa única debido a lo tormentoso de su relación con la Olivo, casada con un hombre. Pudiérase afirmar que Lucía está perdida, pero su única parienta, una tía que vive de sus rentas, convencida de la inocencia de la chica, le suplica a uno de sus inquilinos, Apolonio Larrazabal, el Colorado, que haga algo por encontrar al verdadero asesino a cambio de cederle el mínimo apartamento que le arrenda en la céntrica barriada de Lavapiés, en Madrid.

Larrazabal es un expolicía peruano de origen vasco y raza negra, retirado en plena juventud tras el asesinato de un querido amigo y compatriota, el abogado Tejeda, al que debe el hecho de haber abandonado su país de origen para empezar de cero en España. Su vida transcurre con engañosa apacibilidad, alterada apenas por el apasionado romance que vive con una joven marroquí de nombre Fátima. Convencido más por las lágrimas de la buena señora que por la posibilidad de resolver un caso al parecer perdido, Larrazabal sale de su inercia e ingresa a ese mundo ignoto para los propios escritores, cuantimás para un hombre que no comprende la devoción de su novia por la literatura. Tras encarar a los tiburones que se encargan de representar autores, y los múltiples motivos que tendrían varios de ellos para odiar no sólo a sus agentes sino en particular a Laura Olivo, el Colorado –al que reiteradamente le comentan su parecido con Denzel Washington, al tiempo que lo hacen objeto de discriminación y prejuicio– termina por advertir que cualquiera de estos personajes tiene motivos en verdad razonables para por lo menos desear la muerte de aquella mujer. En medio de su pesquisa descubre la existencia del manuscrito de un legendario escritor ecuatoriano de nombre Marcelo Chiriboga, que bien pudiera ser clave del asesinato de Laura Olivo. Si el nombre les suena es porque se trata de un personaje ficticio creado por José Donoso que aparece en sus libros El jardín de a lado y la bellísima Donde van a morir los elefantes. Carlos Fuentes lo tomaría prestado posteriormente para Cristóbal Nonato y Diana o la cazadora solitaria. Se dice que Chiriboga fue creado para cubrir la ausencia de ecuatorianos en el llamado Boom, aunque de hecho existe un gran autor de dicha nacionalidad al que podría considerársele parte del mismo: Jorge Enrique Adoum (1926-2009). Incluye también como personaje al escritor chileno Jorge Edwards, quien alerta al detective sobre la posible existencia de dicho inédito que podría ser parte de un mito.

El asesinato de Laura Olivo no sólo es digna exponente de un género absurdamente menospreciado en nuestra lengua, que tiene por eje la literatura misma, sino que cuenta con un protagonista apartado del estereotipo del detective cincuentón, cínico y divorciado. Larrazabal es un tipazo tierno y algo ingenuo que cuenta con el incondicional amor de “la morita”, Fátima, quien como voraz consumidora de literatura le enseñará que muchas veces la realidad imita a la literatura y será, para el caso que nos ocupa, una formidable asistente. Al concluirlo uno espera que Benavides nos permita reencontrarnos con el Colorado en otra historia relacionada con las bajas pasiones y la mezquindad de quienes están tras los grandes nombres de la literatura y de los literatos mismos.

 

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