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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Crisis

 

“Deberías escribir sobre mí... Esta crisis es la de los músicos que luchan por sobrevivir haciendo lo que aman.” Algo así me dijo una amiga cantante mientras pateábamos las calles de la colonia Roma en busca de tabaco para liar. Su paso acelerado no era normal. La ansiedad le sustituía temas en el magín frenéticamente, aunque su elíptica fragilidad parecía de hierro. No la veía desde su intento por conquistarse a sí misma en Europa, a donde partió hace unos meses con una ilusión sin planes pero entusiasta.

No le fue bien. La doble nacionalidad importó poco a la hora de burocracias y atenciones médicas. Son épocas difíciles. Sus apalabrados empleadores incumplieron promesa y todo se complicó en barrios de inmigrantes como ella. Decidió no continuar. Regresó con sentimientos de derrota, perseguida por ideas que no la ayudan y que mantienen indeciso a su otrora amigo, el movimiento. “Podrías escribir de cómo me fue”, insistió tras la búsqueda infructuosa de tabaco rubio y luego de encontrarnos sin querer con un grupo de conocidos que nos bajaron la velocidad mental. No lo consideré en el momento. Parecía una idea desesperada.

Recuerdo que en nuestro errático periplo pasamos frente a dos templos que coquetearon con su necesidad urgente. La primera fue la escalofriante Pare de Sufrir, allí donde el antiguo teatro Silvia Pinal. La segunda fue una sinagoga que ella interpretó como señal, molesta como estaba por un amor roto y reciente. Lo bueno, de cualquier modo, es que tiene otro candidato que la anima. Eso dijo y parece ser suficiente para mantener la llama viva. Tras una copa de vino auspiciada por el cansancio, no tardamos en despedirnos. Estaba claro que esa tarde no funcionaría la vieja maquinaria de nuestra conversación.

Ya en el tráfico decembrino nos vimos sometidos por un taxista que de la nada comenzó a quejarse por la actitud “faltosa” que –según él– varios gays habían mostrado en su automóvil. Le dijimos que no era bueno generalizar, que gente maleducada la hay con cualquier preferencia. No sé si llegamos a un acuerdo. En un rato de silencio volvimos a pensar en la petición de nuestra amiga: “Deberías escribir sobre mí.” Resolvimos que eso era posible en tanto su caso resultara un signo plural de nuestro tiempo. Y sí. Hay algo. En su historia se juntan dos asuntos ante los cuales nos resignamos cotidianamente comprimiendo la decepción convirtiéndola en furia nuclear. Nos referimos al menosprecio que tantos músicos reciben si no pueden presumir algo de fama, así como al menosprecio que tantos viajeros viven en tierras que los señalan como personas non gratas, sea por el color de su piel, por su nacionalidad u oficio.

Sí. Conocemos a muchos músicos. De ellos sólo un pequeño porcentaje vive de sus habilidades con un instrumento y son menos los que, además, componen partituras para películas o comerciales. A estos últimos, además, se les da la relación pública, pues conseguir esos trabajos exige mucha inversión de sonrisas falsas. Otros más dan clases. Algunos escriben sobre música. Sobra decir que esas opciones no garantizan la supervivencia. Según vemos, los que tienen más de treinta años de edad se resisten a la asunción de un momento histórico en que la creación de canciones no vale nada sin las carambolas de la mucha suerte. Los más jóvenes, por lo menos, se desarrollan sin haber conocido –ni de cerca– otras formas del éxito pasado. Ello los beneficia pues entienden pronto que pagarán la renta de formas variopintas, mas no musicales.

¿Qué recomendarles a unos y otros? Estamos lejos de la verdad. Apenas reconocemos lo que a nuestra experiencia sirvió al paso de los años. Creemos que es esto: no tratar a la música como servidumbre de la vanidad. Se trata de un arte prestado que entra por los oídos y nos sale transformado, como la poesía, no para que nuestro nombre luzca en las marquesinas sino para ensayar un mundo mejor en el que la búsqueda de balance y proporción sirva de piso a la justicia. Y listo. Allí está. Escribimos sobre nuestra amiga y su crisis sin tabaco de liar. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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