Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Las rayas de la cebra
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Las rayas de la cebra
Las rayas de la cebra
Por Verónica Murguía

El són que escuché

 

Desde hace más o menos diez años soy incapaz de hacer las listas de lo mejor que leí, la mejor película que vi, el peor pleito que tuve, la más bella música que escuché, etcétera. No llevo diario, mi agenda está vacía porque siempre anda perdida y en el calendario de pared con el que me oriento lo que pongo son dibujitos de pasteles (cumpleaños de amigos); zorrillos (día de pintarse las canas); muelas (día del dentista); aviones (viajes míos o ajenos) y pequeños jeroglíficos que representan los días de entrega de cuestiones laborales. Como no tengo smartphone ni uso la computadora para esas cosas, deambulo en una espesa niebla mental llena de avisos urgentes que leo sólo cuando me tropiezo con ellos.

Esto me hace vivir en un estado de confusión muy mareador. Además no tengo rituales que cierren los ciclos. Si alguien me preguntara cuándo comenzó 2018, contestaría que el 19 de septiembre de 2017, porque desde ese día hasta hoy siento que he estado dando vueltas en la Montaña Rusa y con el cinturón flojo. Este 2018 ha pasado de todo: bueno, malo, pésimo y sorprendente; las elecciones (no se atomizó el país al día siguiente, como vaticinaban muchos, aunque tampoco se ve claro por dónde irá la solución a cantidad de nuestros viejos problemas); gente cercanísima se ha enfermado; traduje un libro precioso y he dado lo que se conoce en México como “el viejazo”. Me veo, desde hace casi un año, como un gato mojado. Ni cuenta me di a qué hora me descuachalangué de forma tan espectacular.

Por eso me ha alegrado mucho la lista llena de estadísticas personales que Spotify envía a los usuarios con el registro anual de la música que ha escuchado. En esos registros se ve cuánto tiempo dedica la persona a sus playlists y hasta cuáles son los días en los que anda más bailadora. En 2017 la lista me decepcionó. Creí que me la había pasado escuchando música de primera, pero no. Puro pop malo: chatarra destilada. Los lunes –que es el día que barro, trapeo y aspiro el lugar donde trabajo– eran más movidos y mejores, porque ponía rock pesado, delicioso. El domingo escuchaba música barroca y durante pocas horas. Ese era el día de más calidad y menos tiempo.

En 2017 no pude asociar las canciones, las sonatas y los conciertos a nada que no fuera barrer o mirar el techo con estupor. Después de septiembre, cuando como muchos tuve que mandar tirar tres paredes que el temblor dejó como galletas remojadas, la música fue suspendida. Fue reemplazada por la de los trabajadores a quienes estimo mucho pero con los que no comparto aficiones musicales. Mi estudio se convirtió en el reino del polvo adonde fue a parar Enkidu y había tierra hasta en el cajón de los calcetines; me olvidé del Spotify, del iPod (todavía tengo uno) y los discos.

Este año la cosa cambió. A pesar del relajo puedo asociar la música de 2018 a lecturas, estados de ánimo, personas y conversaciones. Aunque sí me sorprendió enterarme, por ejemplo, de haber oído mil veces un disco de The West Coast Pop Art Experimental. Creí que me la había pasado escuchando un disco precioso: Venezia Millenaria, de Jordi Savall y dizque redescubrí a Beethoven, pero ya ven. Tuve mis viajes al pasado, porque cuando Lindsey Buckingham se fue de Fleetwood Mac en abril, me dio una nostalgia horrible y me dio por Rumours. Tardes enteras de Rumours y de recordar el primer año de prepa. De ahí a sesiones cotidianas y muy largas de todo Jethro Tull, un paso.

La música me trajo ahora, a este final de año, un recuento casi ordenado de cómo lo viví. Fue el hilo conductor de mi dispersa memoria, lo que seguí a tientas en la confusión hecha de premura en la que estoy.

No leí como debo –devoré, no miento, casi cuarenta novelas policíacas– y tampoco fui al gimnasio con constancia. Comí kilos de pan dulce. Permití que se secara un rosal y aún tengo un cuento mal terminado.

Quizás unas playlists hechas con tino me guíen en 2019.

 

 

comentarios de blog provistos por Disqus