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Pasos de justicia con prisa
'Pasos apresurados', Dacia Maraini, traducido por el Colectivo Traduxit, Abismos, México, 2018.
Por Francesca Gargallo

En todos los continentes hay culturas milenarias donde las mujeres son seres respetados y queridos; participan en las decisiones comunitarias y no tienen miedo por haber nacido. Sin embargo, todos los días en las noticias de todos los continentes aparecen historias terribles que involucran a mujeres.

Las culturas que integran a todos los seres humanos, mujeres, hombres e intersexuales, son minoritarias. La mayoría de la población mundial vive la discriminación patriarcal y es educada a la superioridad de los hombres heterosexuales y a tolerar sus violencias.

Se puede objetar que esto ha cambiado desde la Revolución francesa, cuando las europeas se politizaron para exigir igualdad; desde la lucha anticolonial que en África reveló la importancia de la economía femenina; desde que las neozelandesas ganaron el derecho al voto en 1893, primeras en un sistema político organizado de forma estatal y no comunitaria; y desde que las revolucionarias mexicanas se convirtieron en maestras. Cierto: la vida de las mujeres ha comenzado a transformarse cuando se dispusieron para vivir mejor, porque los patriarcados son ideologías que se enseñan, no tienen nada de natural.

Sin embargo, es inobjetable que las resistencias a la renovación de las relaciones entre los sexos son feroces. Las cortas y directas escenas teatrales de Pasos apresurados son historias reales que nos obligan a acelerar nuestros esfuerzos. Escritas en 2005, las ocho narraciones-representaciones se basan en casos concretos adoptados por Amnistía Internacional en su campaña “No más violencia contra las mujeres”. Se trata del primer libro de Maraini traducido en México por el colectivo Traduxit y editado por la editorial Abismos.

Esta lectura dramatizada nos descubre perspectivas de mirar la realidad que no son aguantar la renovada violencia patriarcal. Nos abre a la posibilidad de un diálogo. Dacia Maraini percibió el peso del arte literario para la liberación desde sus trabajos juveniles, en las barriadas de Roma y los colectivos feministas de la década de los años setenta. En La larga vida de Marianna Ucría, una de sus novelas más conocidas, ofrece un personaje que, en la aristocracia virreinal de la Sicilia occidental del siglo XVIII, desafía las normas de clase y de género que una duquesa, aunque violada en la infancia, hubiera debido respetar, así como la descalificación intelectual que sufren las personas con una discapacidad.

En Pasos apresurados, Maraini nos pone al alcance la experiencia de Aisha, que sólo conoció al mundo cuando su cuñado intentó quemarla viva. De Carmelina, quien paga con su cuerpo las deudas del hermano que la retiene para que la violen. De Lhapka, doble y entrecruzadamente víctima de la violación de sus compañeros soldados y del colonialismo chino. De Juliette, que con la cabeza partida se resiste a creer que su hombre es un borracho violento que pone en riesgo su vida. De Civita, quien desde los siete años espera que la justicia persiga a los soldados que, al “liberar” Italia al final de la segunda guerra mundial, violaron a su madre. De Amina, que ha sido condenada a muerte por lapidación porque faltó a su deber de llegar virgen al matrimonio y tuvo a una hija, de la cual fue separada a la fuerza. De María Teresa Macías, cuyo marido la asesinó de un disparo después de múltiples palizas. De Viollca, tratada en la infancia por una organización de proxenetas que va de Albania a Roma.

Dacia Maraini ha plasmado papeles femeninos llenos de matices. Tiene claro el cometido de las familias, las relaciones afectivas y las redes de violencia social en los límites que viven las mujeres. Escribe para dar la voz a las niñas, las jóvenes y las viejas que han protagonizado historias de abusos, rebeliones y fugas. Cree, y así lo demuestran sus novelas, poemas, cuentos para niñas/os, ensayos y guiones de cine y teatro, que hay que evidenciar al mal para hostilizarlo. En entrevistas ha hablado reiteradamente contra la mafia, contra la discriminación de las mujeres, las cárceles y los agentes económicos e ideológicos de la injusticia: “Si tienes que combatir algo, al menos hay que nombrarlo.” En su teatro de intervención social, el maltrato contra las mujeres es nombrado por víctimas que salen de la pasividad, que adquieren una dimensión colectiva precisamente porque hablan para que a otras no se les imponga el silencio del disimulo ante las violencias patriarcales.

En Pasos apresurados subyace la importancia de la solidaridad entre mujeres. En la guerra que llevan a cabo en su contra los agentes de la segregación y el abuso, justificadas en nombre de la familia tradicional, de la cultura o la religión, que la madre sostenga a Lhapka o que una médica francesa luche para defender la vida de Aisha, revela que cuando una víctima encuentra una aliada puede sobrevivir y reconstruirse un horizonte de confianza.

Pasos apresurados es conducido por la voz directa de las protagonistas. Las fórmulas que utiliza cada personaje son tan sencillas como ubicadas en el tiempo y el espacio: “Mi nombre es Lhakpa Chungdak. Nací en las montañas tibetanas.” “Me llamo Aisha. Nací en una pequeña aldea cuyo nombre significa oveja moribunda.” “Me llamo Civita, y soy de Badía de Esperia.” “Mi nombre es Juliette, vivo en Avenue Montaigne, en Beauville, Bélgica.” Esta sencillez hace que la representación de la intimidación y la violencia física cale en las mentes de las espectadoras/es, a cuya atención apelan las protagonistas. Las acompañan las voces de asociaciones de ayuda humanitaria y de defensa de las niñas que ofrecen los datos para contextualizar los testimonios.

El libro se cierra con “La Durmiente”, poema anónimo de un/a autor/a africana/o que Maraini ha reelaborado: “Durmiente… yo era la durmiente/ Y me llevaban, pero ¿quién?” Un cierre que remite al teatro griego, a la fuerza coral de su lírica y apela a una resistencia que atraviesa los siglos y promete que la mitad del género humano está por despertar a la justicia.

 

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