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Vendrá la fosa y tendrá tu muerte

En tiempos de catástrofes es difícil saber qué merece más la atención, ¿el problema en sí mismo? o bien, ¿las secuelas que éste irá dejando a su paso? Cenizas nuestros huesos del hidalguense Axel Chávez parece hacerse ambas preguntas.

Con el narcotráfico aconteció, además de la violencia, un consumo inusitado por series de televisión, películas y corridos musicales que retrataran a su modo el epicentro del caos. No fue de extrañar que no mucho tiempo después el morbo inundara a su vez las mesas de novedades de alguna que otra librería fascinada por representar y describir héroes caídos que buscaran como propósito la conquista absoluta del territorio mexicano, o bien sólo hacernos partícipes de sus embrollos al más puro estilo caricaturesco.

Aquí, mención aparte, merecen identificarse los aparentemente dos propósitos en que parecen dividirse las editoriales; por un lado encontramos la apuesta que mantienen los grandes sellos al continuar viendo en la exuberancia del fenómeno el lenguaje a retratar; los retratos narrativos presentan ideales y arquetipos a seguir que se reconstruyen y desconstruyen según lo marque el marketing. En el otro lado, las editoriales independientes parecieran tener una tarea diferente, es decir, la del registro. Cenizas nuestros huesos continúa la brecha antes señalada, es decir, hace un recuento de las bajas.

El libro ejecuta una cartografía narrativa desde el rigor periodístico. Algunos dirían que citar las balas cumple sin proponérselo un sentido perverso, es decir, el de la normalización. Otros, en cambio, principalmente aquellos que nos sentimos aludidos por el caos, argumentaríamos que en la escritura sobre pólvora va adjunto algún tipo de protesta.

Chávez posee una capacidad de observación natural que no deja indiferente, de este modo nada de lo que ocurre en Cenizas… luce impostado. El lector camina con agilidad sobre un memorial nacido a partir de varias voces que no obstante el tono pesimista no apuestan por el fracaso, sino por la esperanza.

Si hubiera que ubicar Cenizas nuestros huesos en un punto intermedio quizá haya entonces que comenzar a contestar ciertas preguntas: ¿Aplaudiremos las obras literarias por el número de víctimas que nombran? ¿Por la cercanía? ¿Por su belleza? ¿Pertenecen las tres respuestas a una sola entidad? En cualquier caso, parece que la respuesta, si la hay, depende del autor en cuestión. En Cenizas… se percibe, además de la desazón, una intención que a su vez reformula las preguntas anteriores en una sola, ¿no es el propósito de la literatura señalar desde la observación más sesuda las grietas por donde la belleza es golpeada?

Quizá el párrafo que mejor describa el malestar en Cenizas… sea éste: “Muerto, incluso, sentía mi cuerpo evaporarse.” Al concluir la lectura del libro queda el eco de una inconformidad compartida: “Sepultan huesos, únicos vestigios de las víctimas.”

 

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