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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Un provocador llamado Lars

 

En sentido estricto, Forbrydelsens Element -El elemento del crimen es la traducción que se le dio al español-, filmada hace tres décadas y un lustro, no marcó el debut cinematográfico de Lars von Trier, el bien conocido y constantemente polemizado realizador danés, pues para entonces el autor de Rompiendo las olas (1996) contaba al menos con tres producciones que, si bien de carácter escolar, ya le habían granjeado más de un reconocimiento internacional. Empero, la citada El elemento…, con la que se graduó de la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca y que ese mismo 1984 obtuvo un premio al mérito técnico en Cannes, inmediatamente hizo de Von Trier un cineasta que jamás pasaría desapercibido, condición refrendada a mediados de la década de los años noventa del siglo pasado gracias al célebre y hoy extinto movimiento Dogma, del cual fue uno de los principales artífices.

El elemento… es también la primera parte de la llamada por su autor “Trilogía Europa”, que se completa con Epidemic (1987) y Europa (1991), en las que arroja una mirada sardónica e impregnada de profundo desencanto no sólo al “Viejo Continente” sino sobre muchos de los gastados y cuestionables valores de Occidente, misma intención que anima a “Estados Unidos: tierra de oportunidades”, nombre de la segunda trilogía larsvontrierana todavía en proceso, de la que se cuenta con Dogville (2003) y Manderlay (2005). Para entonces Von Trier ya se había vuelto más que célebre, sobre todo gracias a Los idiotas (1998) Bailando en la oscuridad (2000), pero también a consecuencia de su gusto por hacer declaraciones explosivas, poco después llevado a extremos cuya principal consecuencia ha sido que muchísima gente ponga más atención al cineasta que a su obra.

Inevitable y no necesariamente acertada, la identificación de Von Trier con escándalos mediáticos y posturas abiertamente “incorrectas” ha marcado la recepción de filmes como los que integran una trilogía más, ésta denominada “de la depresión”: Anticristo (2009), Melancolía (2011) y Ninfomanía (2013), cuyo factor de provocación –sobre todo en el caso de la primera y la tercera– ha sido visto, de modo torpemente reduccionista, como una confirmación creativa de posturas personales éticas/políticas/vitales “inaceptables”.

La casa de todos

Si bien siempre será verdad que una obra en particular debe hallar en sí misma el suficiente sustento estético, formal, temático, etcétera –es decir, para su “redondez” no debe depender de antecedentes, consecuentes ni factores externos–, en el caso de La casa de Jack (The House That Jack Built, 2018) conviene tener en cuenta que, a juzgar por su filmografía, Von Trier evidentemente pone en práctica lo que podría denominarse un largo aliento conceptual, que no sólo permite sino sugiere y, en el caso de sus diversas trilogías, hasta obliga a ver sus filmes en conjunto, a manera de vasos comunicantes, y La casa de Jack es una prueba magnífica: treinta y cuatro años después, Von Trier acomete de nuevo la historia de un asesino serial y, a diferencia de lo que plantea en El elemento del crimen, es decir la total empatía primero libresca, después conductual, entre el asesino y su perseguidor, bajo una estructura narrativa más bien ortodoxa genéricamente hablando, en La casa..., desde la engañosa y muy efectiva ortodoxia consistente en parodiar, con aparente seriedad, todos y cada uno de los tics y lugares comunes del subgénero, propone una identificación protagonista-espectador mucho más profunda y, por lo tanto, más desasosegante.

Quien espera ver en La casa… un thriller clásicamente estructurado lo consigue, pero Von Trier, fiel al propósito inter/metacinematográfico evidente a lo largo de toda su obra, ofrece mucho más que un ejercicio impecable en términos genérico-narrativos y, valiéndose lo mismo de Gustav Doré que de Dante, entre otros claros referentes plásticos y literarios, elabora un ensayo de texto e imagen acerca del sentido profundo de conceptos como crimen, culpabilidad, mal, castigo y otras ideas punitivas consideradas axiomas en la cultura occidental.

 

 

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