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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Antimaniqueísmos

Tiempos maniqueos como los presentes no suelen ser propicios para el abordaje amplio y sin concesiones de temas álgidos, verbigracia el acoso sexual, el racismo, la colusión de un gobierno determinado o de una actividad económica legal, con la delincuencia, por mencionar sólo tres que, por lo regular, concitan vivas discrepancias entre puntos de vista opuestos de manera diametral. Simultáneamente, dichas discrepancias entre posturas que se dirían irreconciliables, mueven a no pocos creadores a frenar sus ímpetus ante la posibilidad de ser señalados a su vez de “tendenciosos” o “distorsionantes”. En otras palabras, a consecuencia de lo anterior hay muchos que se sienten orillados al ejercicio de la autocensura o, cuando menos, de la morigeración, el suavizamiento del propio discurso –lo cual, contradictoriamente, sin duda califica como distorsión o como actitud tendenciosa.

También es costumbre suponer que toda actitud prejuiciosa tiene como propósito fundamental minimizar, ningunear, restarle valor a eso contra lo cual el prejuicio es ejercido. Sin embargo, y aunque cueste aceptarlo, el hecho es que los prejuicios no tienen un signo único, de modo que, sin forzar las definiciones, igualmente se puede ser prejuicioso “hacia arriba”, es decir, pre-juzgar algo positivamente y de modo invariable, a partir de dos actitudes paralelas: un ensalzamiento basado más en ideas generales que en datos concretos, y un soslayamiento de cualquier información que contradiga en lo esencial el concepto adoptado de antemano. Así en todos los órdenes, ya se trate de un gobierno en turno, un género o intérprete musical, un movimiento social… y algo similar sucede con un grupo étnico en particular o con todos en general. Más concretamente: Mediomundo rechaza, por “políticamente incorrecta”, la idea de que miembros de una etnia, de una cultura originaria, cualquiera que ésta sea, puedan corromperse y formar parte de una organización delincuencial. Empero, y parafraseando a Galileo, sin embargo sucede.

 

Contra los prejuicios positivos

Consideraciones como las anteriores deben haber estado en la mente de los colombianos Cristina Gallego y Ciro Guerra, directores de Pájaros de verano (2018), coproducción entre Colombia, Dinamarca y México, así como de sus guionistas María Camila Arias y Jacques Toulemonde Vidal, cuando pusieron manos a la obra para confeccionar un filme que, sea que se lo haya propuesto o no, combate el mencionado “prejuicio positivo” según el cual sería impensable que los integrantes de un grupo étnico y cultural originario –en este caso los guajiros del norte colombiano– hayan estado, de acuerdo con la trama pero también de acuerdo con los datos históricos disponibles, entre los principales pioneros del tráfico internacional de estupefacientes.

Ambientada en las décadas de los sesentas, setentas y ochentas del siglo pasado, Pájaros de verano se desmarca admirablemente de las innumerables cintas que abordan el fenómeno del narcotráfico en Colombia, y lo hace aportando el mencionado punto de vista inédito: la muy temprana participación de comunidades originarias en el tráfico de mariguana y, realmente pronto, de cocaína, en aquella Colombia de hace cinco, cuatro y tres décadas, con rumbo a Estados Unidos. Ubicada cronológicamente antes de Pablo Escobar y demás “celebridades” equívocas, el filme hace la génesis del ascenso, encumbramiento y caída de los primeros capos de la droga, mucho antes de que el propio término fuese utilizado, cuando fueron colocadas las bases del intrincado y complejo involucramiento social en el fenómeno, así como la corrupción rampante que conlleva, no sólo en términos institucionales sino sobre todo culturales.

Antimaniqueo desde su concepción, el filme cuenta la historia con una franqueza ineludible, dado el tema, pero al mismo tiempo provisto de una belleza inusitada en términos visuales, y esa contradicción aparente resume bien la dificultad apuntada al principio de estas líneas: a veces, la distorsión consiste en pretender que los prejuicios propios se mantengan incólumes.

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