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Prosaísmos
Si escribo a propósito de un tema, a partir de la información que circula hoy, cuando aparezca mi nota parecerá sesgada porque ya será otra la información, y posiblemente opuesta.
Por Orlando Lima Rocha

Ocurrencias

Si escribo a propósito de un tema, a partir de la información que circula hoy, cuando aparezca mi nota parecerá sesgada porque ya será otra la información, y posiblemente opuesta.

Por ejemplo, lo del huachicol (no es mi intención analizar si estuvo bien o mal, creo que todos estamos de acuerdo en que acabar con ese mal era o es necesario y correcto): un día se comunica que el problema no es el desabasto sino el sabotaje en un ducto, pero que ya se está arreglando. Al día siguiente, que ya está arreglado y por lo tanto el problema quedó resuelto; al siguiente, otro sabotaje, y luego... lo mismo y hasta se multiplican los pinchazos cotidianamente, a pesar de que con cada compostura se aumenta —para blindar los ductos—, el número de soldados que los vigilan. (Espero que para cuando aparezca esta nota esté resuelto el problema y se haya castigado a los responsables, pues de lo contrario los ductos van a quedar como coladeras. En el momento de redactar estas líneas, me entero de que además de los sabotajes habituales encontraron en Guadalajara doce puntos de ordeña.)

El asunto está peliagudo y con numerosas aristas, de las cuales sólo muy pocas se exponen. Pero solamente daba un ejemplo. Otro sería lo de la tan traída y llevada Guardia Nacional. Este asunto me trajo a la memoria que el tema viene de lejos. Creo que desde la Colonia; sin embargo, lo que recordé de inmediato fue que en el siglo XIX se convocó en varias ocasiones a la constitución de una Guardia Nacional. Es más, cuando había la amenaza de una intervención extranjera o se incrementaba la delincuencia, surgían estos cuerpos armados que auspiciaban los comerciantes, hacendados y profesionales. Eran ellos los que debían encargarse de armar, vestir y mantener a estas fuerzas.

Esto lo menciono porque la actual discusión (en la que me reservo juzgar si es o no militar o si debe o no debe ser civil) me hizo recordar a los “polkos”, aunque con sus peculiaridades; pues a aquéllos siempre se les ha calificado, sin más y justificadamente, como conservadores. En la actualidad el caso es otro. Me explico.

En aquellos años de lucha casi continua entre republicanos y conservadores, éstos tuvieron la idea de integrar un cuerpo castrense en Ciudad de México, con jóvenes voluntarios provenientes de buenas familias y eminentemente católicos furibundos, aristócratas y “patriotas” desde el punto de vista de ellos. La idea prendió de inmediato, pues los hijos de papi se vieron en uniforme de gala, con espadín o espada seduciendo a las pollitas en bailes (la polka estaba de moda) o retretas, en jardines con serenatas a la luz de la luna. El uniforme les daría prestancia, gallardía y pinta de valientes. La jóvenes bellas caerían rendidas a sus pies.

Lo que no registraron fue que el uniforme implicaba milicia, y milicia es disciplina castrense, es decir, militarización —aunque para ellos no sería muy rígida, pero sí tendrían que asistir al cuartel, recibir órdenes, hacer ejercicios, montar guardias de día y a veces de noche, cargar no solamente la espada sino también el mosquete, marchar, mochila, impedimenta, etcétera. Al principio los hijitos de mami lograron sobrellevar ese “tormento”, pero después comenzaron a sentir que no era tan simpática la vida militar. De manera que primero salían de casa por las mañanas camino al cuartel, con un mozo que cargaba el fusil y la mochila —pesaban mucho—; después, como las guardias nocturnas eran insufribles, contrataban a quien los cubriera para ellos poder irse a dormir a casa o asistir a una fiesta a bailar polkas. Cuando algún combate los sorprendió en el cuartel, ya se imaginarán sus reacciones.

Hace algunos años un joven me confesó que había dejado el Ejército por cinco motivos. Le pregunté cuáles eran y me respondió mostrándome una mano con la punta de los dedos juntos (señal de miedo). Había estado en combates de la guerra contra los narcotraficantes cuando empezaba. Se siente retefeo que las balas te pasen cerquita.

Te lo digo a ti m’hijo, entiéndelo tú mi yerno.

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