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Danzar con pesadillas
"El vals de los monstruos", Lola Ancira, Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2018.
Por Vanessa Téllez

En tiempos como los que vivimos, parece una actitud poco lógica apostar por temas que no sean coyunturales como, por ejemplo, el narcotráfico. En ese sentido, destaca que sea el género fantástico, para algunos tan poco convencional, el que de un tiempo a la fecha venga presentando narradoras a las que vale la pena prestar atención. Este es el caso de El vals de los monstruos, de Lola Ancira que, como propone el título, se trata de un metafórico baile en el que se desarrolla, a través de los once cuentos que conforman el volumen, una idea reafirmada página tras página: el horror en la literatura mexicana tiene descendencia femenina.

Los personajes de El vals…, no son murciélagos malditos, vampiros asesinos ni plantas carnívoras, sino personas comunes que bajo la piel viven estremecidas por sus propios apetitos, escondidos en una aparente cotidianidad. Esta ambigüedad permite que el lector se identifique con seres a quienes, una tarde cualquiera, podría encontrarse de regreso a casa.

La aparente homogeneidad en las atmósferas de las historias es un gancho efectivo, sobre todo cuando el lector compruebe que, dentro de esa aparente normalidad, los personajes de El vals… viven miedos, vicios y terrores que se revelarán páginas adelante, haciéndolos estallar súbitamente con el propósito de revelar la esencia que los compone.

Aunque rozan situaciones conocidas, los temas de El vals de los monstruos se alejan de lo común presentando desenlaces poco ortodoxos. Tal es el caso de una mujer que primero intenta desprenderse de la violencia a la que su pareja la empuja, y tiempo después ella misma se asume como victimaria en una extraña triada constituida por las amantes eventuales de su victimario. Destaca también la historia contada en primera persona de un asesino, cuyas tarjetas de presentación parecen ayudarlo mágicamente en el exterminio de sus enemigos, o aquel otro cuento en el que la recuperación de la perra Laika se vuelve el destino invisible de una familia. Un cuento que destaca particularmente en este libro de Ancira es Mónos, suerte de diario y bitácora gracias a la cual el lector conocerá de viva voz el día a día de un personaje que transita en la cotidianidad de lo absurdo, sin sentirse aludido a pesar de sus propias peculiaridades.

Los cuentos de El vals…, parecen fraguados desde la nostalgia, la obsesión por lo extraño y la tristeza por lo perdido. El horror aquí señalado no radica en fuerzas irreconocibles, sino en la observación de la propia naturaleza. El miedo no es empujado por fuerzas extrañas sino por el análisis de aquello que impulsa a los personajes a tomar decisiones y actuar incluso contra sí mismos. Conforme avanza la lectura se va comprobando que el horror está más cerca de lo que uno se imagina. Ancira cree, y lo confirman sus historias, que el terror viaja en Metro, camina en la calle y cruza la puerta de una casa, cualquier casa.

El vals de los monstruos es, por lo tanto, una colección de cuentos que al mismo tiempo es un manifiesto actual de los problemas sociales que acontecen a diario, y queda en evidencia que dichos problemas tienen su origen precisamente en los monstruos.

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