Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / La casa sosegada
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / La casa sosegada
La casa sosegada
Por Javier Sicilia

En uno de los cuentos más conocidos de Borges, “Funes el memorioso”, el poeta argentino nos revela el horror de lo que podía ser una hipermnesia –la capacidad de recordar todo. “Soy –dice con amargura Funes ante esa experiencia que se despertó en él– como un vaciadero de basura.” Habitado por la precisión inmediata de todos los detalles vividos, Funes es incapaz de sentir el tiempo y, por lo tanto, de pensar. Paralizado en el recuerdo, habita extraviado un espacio atiborrado de ayer. De allí su prematura muerte a los veinte años.

Le enfermedad de Funes es lo contrario de una amnesia total. Un ser humano aquejado de ella sería como un Funes invertido. No podría tampoco sentir el tiempo ni pensar. Pero, a diferencia de Funes, no por exceso de recuerdos, sino por ausencia de ellos. Paralizado en el vacío de su memoria, habitaría extraviado en una espacialidad atiborrada de nada.

La velocidad de los medios de comunicación, esa maraña llamada redes sociales, está generando otro tipo de enfermedad: una extraña combinación de hipermnesia –todo tipo de recuerdos, informaciones, sensaciones, ocurrencias, etcétera, están en ellas– y de amnesia –frente a su exceso informático somos incapaces de retener y de recordar algo: todo tiene la misma dimensión y todo se borra en nuestra memoria como una escritura sobre la arena; nada es más viejo y lejano, escribí alguna vez, que el Twitter de hace dos minutos. Pero a diferencia de Funes o de un amnésico, el hombre de las redes sociales no está habitado de pasado o de vacío, sino de una espacialidad llena de instantes que también le impide pensar.

Para hacerlo necesitamos tiempo y para tenerlo y sentirlo necesitamos lentitud, la lentitud que nos permite convocar el recuerdo y vivir.

Un poeta como Ossip Mandelstam, nos dice su esposa Nadejda, tenía una clara conciencia de ello. Por eso, contra el exceso de la velocidad, de la desmemoria y la experiencia del instante, Mandelstam buscaba todo aquello que en la naturaleza expresaba lentitud: el paso de los bueyes, la caída de la miel al salir de la botella, el rumiar de las vacas. Contemplarlo era para él una manera de sentir el paso del tiempo en la vida.

Lo que Mandelstam quería decirnos es que sólo en la lentitud podemos recordar de una manera selectiva y abstracta para pensar y atisbar lo eterno. El tiempo, diría San Agustín, es la presencia, nuestra presencia siempre presente. Es en ella –que mediante la memoria hace que convoquemos el presente de las cosas pasadas, el presente de las cosas presentes y el presente de las cosas futuras– donde nos movemos, transcurrimos y somos. Al permanecer en la presencia conservamos el tiempo y entramos en lo que de eterno hay en su aparente transcurrir. Si a causa de una hipermnesia o de una amnesia o, como sucede hoy, de una combinación de las dos, perdemos nuestra presencia, corremos el espantoso riesgo de destruirnos como humanidad.

En las comunidades del Arca se reza por las noches una hermosa oración que no sólo habla de ello, sino que, en la detención a la que nos llama, nos permite experimentarlo: la Oración del Fuego, metáfora de la presencia: “Somos todos pasajeros y peregrinos, /encendamos pues un fuego en la encrucijada hacia lo eterno/ […]/ Pongamos un término al tiempo, un centro a tinieblas exteriores/ y hagámonos presentes en el presente/ este presente que en vano perseguimos en nuestros días,/ He aquí el presente,/ helo aquí ante nuestros ojos y en nuestro corazón./ El fuego es el presente que arde y brilla,/ es el presente que reza./ […]/. Es la muerte de las cosas muertas y su retorno a la luz/ […]/ Cantemos Gloria en la lengua del fuego, evidente y clara a todos los hombres./ […]”

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a las autodefensas de Mireles y a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales y refundar el INE.

comentarios de blog provistos por Disqus