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Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro

Frida Kahlo: la incombustible

Frida Kahlo, la figura icónica mexicana más conocida y celebrada en el mundo, sigue levantando tolvaneras por donde pasa. En el Museo de Brooklyn en Nueva York se inauguró hace unas semanas la exposición Frida Kahlo: Las apariencias engañan que a todas luces será el evento más taquillero de la temporada, con las entradas agotadas desde su apertura. La muestra, considerada la más amplia que se ha presentado en Estados Unidos en diez años, no está enfocada en su trabajo pictórico; más bien se trata de una recapitulación de su vida a través de las fotografías de los numerosos autores internacionales que frecuentó, sus objetos personales y otros alusivos a su entorno, y once pinturas entre las que destacan los magníficos autorretratos de la Colección Gelman. El objetivo de la exposición es contextualizar el universo íntimo de la artista a partir de sus prendas de vestir, joyería, tocados, corsés y aparatos ortopédicos, e inclusive sus productos de belleza, perfumes y medicinas. Más allá de presentar las “reliquias” del personaje, el guión curatorial pretende mostrar cómo la construcción de una personalidad tan original y genuina trasciende el aspecto biográfico para convertirse en una obra artística per se.

Recordemos que en 2004 tuvo lugar uno de los hallazgos más espectaculares de la historia del arte mexicano en la Casa Azul de Coyoacán, cuando se abrieron los cuartos de baño donde Diego Rivera había dispuesto casi cinco décadas atrás que se almacenaran las pertenencias de su recién fallecida esposa. Ahí se encontraron miles de objetos personales que constituyen un acervo de incalculable valor testimonial. Tras los trabajos de restauración, se presentó en la Casa Azul una selección de las piezas recuperadas. En aquella ocasión, la directora del recinto, Hilda Trujillo, señaló que los documentos políticos que Rivera quiso resguardar en su momento junto con las pertenencias de su mujer, al paso del tiempo perdieron interés, mientras que la parafernalia personal de Frida se ha revalorizado y ha dado lugar a numerosos estudios que arrojan información importante sobre su vida y obra. El año pasado se inauguró en el Museo Victoria & Alberto (V&A) de Londres la muestra que antecede a la neoyorquina, que es una versión más amplia. Ambas instituciones publicaron un espléndido libro-catálogo que reúne ensayos de diferentes especialistas que sacan a la luz nuevas interpretaciones sobre este gran personaje incombustible, una figura que se adelanta por décadas a la actual era del selfie con la construcción de una imagen extravagante y poderosa que se ha convertido en un mito universal.

Entre las múltiples lecturas que se desprenden de los estudios recientes sobre la portentosa personalidad de Frida, encuentro reveladora la interpretación de Circe Henestrosa –curadora de la muestra junto con la inglesa Claire Wilcox– quien señala que además de exhibir sus convicciones nacionalistas enraizadas en su ideología comunista y forjarse una identidad matriarcal a la usanza de las mujeres tehuanas, Kahlo se dio a la tarea de construirse una imagen tan cuidada, elaborada y sofisticada para esconder la fragilidad que le confería su discapacidad. Hay un dibujo muy sugerente en el que vemos su cuerpo mutilado a través de su enagua y huipil transparentes, y el título de la pieza lo dice todo: Las apariencias engañan. Henestrosa destaca que aún los corsés y las botas ortopédicas pasaron a ser parte de su ajuar al ser pintados y decorados finamente. Las patologías de Frida quedaron plasmadas en sus lienzos adoloridos, aderezadas con las sedas, terciopelos, brocados, encajes, oro, plata, jade, listones y flores de su exótica parafernalia. Al analizar la suntuosa imagen que Kahlo se forjó con tanta devoción a través de su decoración personal, queda claro que construir su identidad fue tan importante para ella como construir su obra plástica. Uno se queda con la sensación de que ella misma fue su mejor obra de arte.

 

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