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Prosaísmos
Por Orlando Ortiz

El Dr. Atl, un contreras de nacimiento

 

Un descuido imperdonable me hizo cometer un error en mi anterior columna. Mencioné que el Dr. Atl había publicado “tres volúmenes de cuentos, dos novelas y ensayos...” Por fortuna anoté previamente: “Hasta donde sé...” Esa falla se debió a que las obras mencionadas son las que tengo en mi librero.

Cuando me disponía a redactar esta páginas para comentar sus “dos novelas”, me enteré de que existe otro libro de relatos, Cuentos bárbaros, publicado en 1928 con un tiraje de cien ejemplares y dos o tres novelas más. Una puntualización conveniente: escribió numerosos folletos y artículos en periódicos y revistas, tanto cuando estuvo en Europa, como en nuestro país; no sólo de cuestiones estéticas o plásticas, creo que la gran mayoría de estos textos abordaban temas políticos, económicos, filosóficos, geológicos, históricos... en fin, era un hombre inquieto y “revolucionario”.

Gentes profanas en el convento es, quizá, la más comentada de sus ¿novelas? Los signos de interrogación se deben a que tal vez para algunos no sea novela, sino biografía, para otros sea novela biográfica, o biografía novelada, o nada de eso sino apuntes para redactar sus memorias mezcladas con algo de fantasía e imaginación. Para mí, eso es lo de menos, el caso es que el libro es seductor, interesante de principio a fin, y en ella se encuentran páginas que son verdaderas crónicas para documentar esos años y darnos una idea de la excentricidad de Atl, de sus valores y convicciones, de su pensamiento, así como de las situaciones adversas por las que atravesó después de haber estado en la batalla de Aljibes (en la que fueron destrozadas las tropas de Carranza), ser prisionero, salvarse de ser fusilado, estar en prisión y escapar para rondar por las calles cercanas de La Merced, “con el pantalón ensangrentado de un muerto y la blusita color de rosa de su viuda...”, en fin, es un libro intenso que expone de manera vigorosa a un personaje contradictorio, o como encabecé esta columna: “contreras”, pues en este caso, primero fue contrario a Carranza y cuando éste va perdiendo, se hace carrancista.

Sus amores y temores también queda expuestos: “cartas de amor encontradas, en una tumba del claustro mercedario”, escribe en el prólogo el mismo Dr. Atl. Añádanse sus encuentros con fantasmas y ángeles, su convivencia con chicos de la calle que subsisten con lo que encuentran en la basura del mercado... todo esto y más hay en Gente profana en el convento.

En El Padre Eterno, Satanás y Juanito García, con prosa irreverente, sarcástica, humorismo y sutil cinismo, el Dr. Atl cuestiona asuntos eclesiásticos, de la Biblia misma y de la humanidad. El narrador es un “bienaventurado” cuyas virtudes ejercidas en el “Departamento de Investigaciones de la Jefatura de Policía del cual yo era jefe... “ causa que al llegar a la Gloria su ángel de la guarda lo conduzca al “Department for Interuniversal Researchs...” y gran parte de su tiempo, cuando no está investigando a quienes pretenden ingresar al Cielo, se la pasa a lado de San Pedro, conversando de lo que ocurre y ha ocurrido allá y también en la tierra, donde las cosas no se ven del todo bien. Tantas guerras, tanta hambre, tantos odios... en fin. Y para colmo de males, El Padre Eterno aparentemente ya está cansado y no se entera de las cosas, al grado de que se queda dormido y Satanás, con sus huestes diabólicas, intenta tomar por asalto el Paraíso.

Baste decir que muchas otras cosas suceden allá en la alturas, entre ellas un golpe de Estado y la celebración de un parlamento y... En síntesis, El Padre Eterno toma conciencia de que la Tierra y sus habitantes no son lo que él quería que fueran y decide regresar para componer el mundo y queda un “encargado de despacho” —diría un político de hoy.

Las descripciones que hace del Cielo son geniales. El desenlace también es maravilloso y con una sorna deslumbrante, que seguramente nada gustó a los católicos de entonces, y tal vez tampoco gustaría a los de ahora.

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