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Bitácora bifronte
Por Ricardo Venegas

Garibay: 20 años
para recordar al Ogro

 

En mayo de este año se cumplen veinte años de la desaparición física del autor de Par de reyes (1983). Pocos saben que Ricardo Garibay fue inspector de cabarets en el Departamento del Distrito Federal, vendedor de candelas para la lumbre, boxeador amateur (supo que tenía la “onza de oro”, pero no llegó a más en el gimnasio) y guionista cinematográfico, entre otros oficios que desempeñó para ganarse el sustento.

El peso de los días y la experiencia acumulada se dan cita en las páginas de Cómo se gana la vida (1992), donde se cuenta una historia de altibajos. Aparecen del mismo modo María Félix, Juan Rulfo, Alí Chumacero, Julio Scherer, Gustavo Díaz Ordaz...

Cronología vital: la gestación de una manera de ver el mundo donde la voz rígida del narrador dibuja su periferia creando una representación literaria nítida.

La alameda de Tacubaya, los viveros de Coyoacán y el parque Miraflores “que nació con San Pedro de los Pinos”, Chapultepec, la Alameda Central y el Jardín Colonia son algunos sitios rememorados con nostalgia: ya no pasan viejecitas gritando “mugrosos cochinos prevaricadores del pecado de la carne, asquerosos...” Quedan la añoranza y un sentimiento de afición al fracaso, el pesimismo que apunta al ajuste que realizó en su primer libro autobiográfico (Fiera infancia, 1982). Esta continuidad de los oficios forjaría su interés por la literatura, cultivado ya desde la infancia por conducto de su padre.

Al relatar las vicisitudes de los múltiples trabajos que antecedieron su vocación por las letras, Garibay parece haber sido el personaje que él mismo creó para el cine: El Milusos (1981), cinta de Roberto G. Rivera. La película exhibe la historia de un indígena que llega a Ciudad de México con la intención de mejorar su calidad de vida. En su travesía por la metrópoli, el Milusos realiza tareas de todo tipo: tragafuegos, lavabaños, vendedor de rosas y “chalán” de quien le ofrezca un salario.

Se trata de una bitácora donde la vivencia es materia literaria. El entusiasmo del hidalguense distaba mucho de la saga suicida de su familia, en la cual, como él mismo lo decía, hubo una tradición ininterrumpida de renuncia a la vida por mano propia: “Tuvo once hermanos, y cinco fueron suicidas y lo persiguieron hasta el 8 de junio de 1862. Rezó por ellos cincuenta años.”

Literatura potente y en potencia, una invitación a descubrir la obra de un narrador vigente, vital y perdurable, más vivo que sus estreñidos detractores.

 

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