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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Ecos del Nilo (II y última)

 

Allí está ella, orgullosa e incólume en el bar de un hotel de Alejandría, cantando el larguísimo repertorio de los jueves para unos veinte clientes separados en grupos de dos, cuatro y hasta seis hombres. Porque todos son hombres, claro. Hombres que, a juzgar por las bebidas que sostienen en sus manos y el entusiasmo que demuestran, no son de los que observan las leyes del Corán. Y que no se nos malinterprete. Tampoco es que se sienta un ambiente de riesgo. Sólo es un tanto pesado. Digamos que no es sitio para las mujeres normales que por la calle se cubren todo menos el rostro.

Su acompañamiento musical es un pequeño reproductor tipo karaoke, así como un colega con quien alterna o canta a dúo midiéndole el pulso a la noche. Es una valiente esta mujer, pensamos. Es objeto de deseo en tierras que la juzgan y estigmatizan particularmente. Es fácil deducirlo. Pero el Mediterráneo la respalda tras los ventanales y, aunque no alcanza una virtud suficiente en su despliegue técnico, el repertorio que aborda es de una complejidad que haría temblar a muchas gargantas en bares de Occidente.

Nos referimos a canciones que equivaldrían aquí a las de… Dulce, Amanda Miguel, Yuri, Rocío Banquels o Maricela, probablemente, pero que allá exigen una técnica y destreza mayores por la sola estética de su origen. Parece una idea ociosa, lo sabemos, pero nos ocupó un buen rato pues hay culturas que inevitablemente generan maestría al paso de centurias, incluso en sus expresiones más cotidianas. Basta pensar en la manera como preparan el pan, en su caligrafía o en su huella arquitectónica.

El caso es que al acercarse a la mesa y enterarse de nuestra nacionalidad, la cantante en cuestión se esforzó y buscando en su máquina de pistas nos regaló una de Maná que apenas alcanzamos a reconocer. Sonreímos agradecidos aunque hubiésemos preferido algo distinto, siendo honestos. Pero fue por ello que la otra mujer del lugar, quien esa noche celebraba veinte años con el arriba firmante, dijo conmovida: “Yo no me muevo de aquí hasta que ella termine.” Preocupada porque los hilos del alcohol ya torcían a varias marionetas, se solidarizó asumiendo la inercia de lo que viven las mujeres dedicadas al entretenimiento nocturno.

Y es que sí, ya lo decíamos hace una semana en este espacio: no es fácil encontrar música viva en Egipto. Ni tradicional ni moderna. Nos referimos a la que suena en calles, ferias populares, eventos familiares o conciertos de perfil cultural; a la que suena en sitios alejados del imperio turístico. Lo que abunda, eso sí, es el cliché de dudosa procedencia en hoteles como éste y en centros comerciales… aunque siendo justos y como también dijimos hace siete días, perseverando se pueden lograr momentos de gran sorpresa.

Varios de ellos, por cierto, nos los brindó el canal de televisión Mazzika. No importó si estábamos en el norte o el sur del río Nilo, en El Cairo o en la punta del Sinaí, su programación pudo proveernos de una variedad de música arábiga sin igual. Hablamos de la compañía que posee la mayor oferta de música egipcia en el mundo. Lo mismo produce videoclips propios con artistas como Amr Diab, Ragheb Alama, Samira Said y Warda, que conciertos con figuras como Tamer Hosny, Mostafa Amar y Nancy Agram.

Ahora que, si bien está enfocada a una audiencia sobre todo juvenil, también es posible ver viejas presentaciones de leyendas como Om Kalsoum (también conocida como Oum Kalthoum), el mayor de nuestros descubrimientos en tierra de faraones. Hablamos de la cantante y actriz más famosa de Arabia en los años cuarenta y cincuenta. También llamada Astro de Oriente, vendió más de 200 millones de discos y fue símbolo del panarabismo, el movimiento con el que el popular presidente Nasser hizo frente a las potencias que oprimían a Egipto para arrebatarles finalmente el canal de Suez. Escuchándola ahora se arroba el corazón. Por favor… olvide todo lo escrito aquí menos su nombre. Búsquela y comparta un poco de su talento inmensurable. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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