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Viñetas de horror y fantasía
'Anímula. Historias diminutas soñadas por Madame Vulpes', Miguel Lupián, buap Ediciones, México, 2018.
Por Vanessa Téllez

La primera advertencia es que, no obstante el título del libro, no se trata de historias diminutas, al menos no en el sentido literal de la palabra, y esa es la principal cualidad de Anímula. La segunda advertencia es que si lo que usted quiere es horror, este libro es para usted; claro, sólo si es capaz de llegar hasta el final.

Aunque el título da una idea de lo que el lector habrá de leer a lo largo de más de cien páginas, nada en este libro es lo que parece. Las ochenta y seis historias presentadas, a manera de viñetas, microficciones o relatos, exploran un experimento literario que Miguel Lupián, su autor, ha sabido desglosar en función de la voz que cuenta. A ratos pareciera que el lector encontrará en Anímula una suerte de diario o confesión continua; sin embargo lo que parece ser la voz principal, cambia de tono permitiendo disfrutar otros lenguajes y atmósferas más abrasivas.

El autor entiende que el horror no necesita sobreescribirse, y menos aún requiere de exceso de palabras que expongan el tono de la historia. El horror de Lupián acontece abrazado por la higiene de oraciones precisas, exactas. La economía del lenguaje en Anímula se agradece porque permite al lector concentrarse en lo más importante, que es la historia.

La capacidad narrativa de Lupián queda de manifiesto en diversos relatos, por ejemplo “El pasadizo”, historia que en sólo cuatro líneas remarca con agilidad los contornos de lo fantástico, o “Un nuevo hogar”, microficción que en cinco líneas logrará que a más de uno le resulte imposible dormir. Otras historias, como “Los libros perdidos”, “Alma” o “El jardín de la fertilidad”, no dejarán impasible al lector por los temas tratados y la reiteración de que lo fantástico demanda evitar el abuso de recursos, así como el justo empleo y ubicación de sus elementos característicos.

El horror en las historias de Anímula va de menos a más, partiendo de lo que en apariencia ordinario pero más tarde se vuelve juglaresco y folclórico. Historias como “El trabajito” juegan con la idea de la brujería o la magia como métodos de catástrofe individual; por su parte, el relato titulado “Gula” extrae las posibilidades del pecado capital llevado al extremo.

Anímula es una opción para aquellos que buscan adentrarse en la literatura, o bien conocer las líneas que atraviesan lo fantástico y el terror mexicanos. La aparición de elementos como hombres lobo, vampiros o la inabarcable y enigmática Babel no es copia literal del imaginario, sino afortunadas reinterpretaciones que reiteran las posibilidades del autor de tomar prestados elementos imprescindibles del mundo fantástico, aportando su propio estilo y visión.

Las voces empleadas, se anticipa, provienen de una educación sentimental reconocible en autores germinales como Amparo Dávila, Emiliano González e incluso Edgar Allan Poe. Lupián ha tomado como propios a dichos autores y ha armado en función de sus necesidades las atmósferas que formaron el principio del horror. Dichas voces, que transfiguradas y asimiladas son las que destacan en Anímula, provienen del reconocimiento diario, de la observación cotidiana, del punto de quiebre en que un elemento, orgánico o no, trasciende los márgenes de lo normalizado y atenta contra el personaje. Lupián asume que la esencia del horror no va de la mano de un grito, sino de la reflexión que una circunstancia provoca en el ojo que la mira.

 

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