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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Mauricio de Cera / Jaime Sideral

Hace unas semanas pasó por la casa Mauricio Sotelo. Quería compartir sus últimas huellas sonorosas. Colega a quien conocemos desde hace más de veinte años, junto a su hermano Francisco ha mantenido viva una de las agrupaciones más interesantes del progresivo y la experimentación mexicana: Cabezas de Cera. Creativos en la música y también en la invención de instrumentos –preeminentemente de metal–, hoy se dan la oportunidad de presentar un disco en vivo y de tomar distancia para trabajar en proyectos individuales. Tal es el caso de Envés, un álbum que muestra el otro lado de un artista –Mauricio– que no sólo gusta de la formalidad mecánica sino también de las improvisaciones, la generación de paisajes y texturas espontáneas que giran con la ayuda de efectos y procesadores de repetición (loops).

El resultado es interesante y harto agradable. Si bien ofrece momentos de densidad expectante, su corpus general fluye con frescura líquida. Hay el choque de metales que se atreve a lo contemporáneo; hay voces que cantan y no; hay dulzura melódica y necedad estructural... Lo mejor es que, de manera un tanto misteriosa, consigue unidad pese a provenir de muy distintos ánimos, tiempos y contextos. Ejemplo es la composición número siete, “Rey milagro”, que forma parte del cortometraje homónimo del director Roberto Adame producido en 2016. La explicación a ese balance se debe, probablemente, a que Mauricio es un ejecutante dotado y con un lenguaje característico en cualquiera de los objetos que tañe. Hablamos del bicéfono, la jarana prisma, el tricordio, la guitarra de doce cuerdas y sí, el Stick Railboard, tal vez el instrumento por el que más se le reconoce en su carrera al frente de Cabezas de Cera.

Hablando sobre el disco en vivo de Cabezas de Cera, precisamente, diremos que fue grabado en el Foro Alicia, cuna misma del conjunto. Se llama Contigo y en directo. En él suenan ocho piezas –algunas bien conocidas en su repertorio–, con el añadido de Leticia Servín para “Arte de extranjería”. En general es un buen reflejo del oficio de los hermanos Sotelo sobre el tinglado, así como del carácter sónico de ese pequeño e histórico espacio de avenida Cuauhtémoc en la colonia Roma. Sin embargo, también debemos decirlo, la captura de algunos timbres no fue la más adecuada y su postproducción pudo quedar mejor, pues en vivo consiguen un dinamismo y explosividad particulares que no se exhiben del todo en la grabación. Como sea, es un gran documento que los muestra saludables y poderosos.

Por otro lado, hace tiempo deseábamos conversar sobre Arrullo sideral, esfuerzo titánico del cantautor Jaime Ades, quien tuvo que reaprender su ritmo vital orbitando este difícil alumbramiento. Hablamos de una década en la que –nunca mejor dicho– consideraba música, letras, estudios de grabación, músicos, formatos, ilustradores y, por supuesto, demonios e inseguridades... Recuerde nuestra lectora, nuestro lector, que la palabra considerar se relaciona, precisamente, con lo sideral; momento en que los antiguos astrólogos consultaban a las estrellas desde las atalayas. Así, la consideración podía traer aciertos o fracasos, pero sobre todo pausa y reflexión. Tal como este álbum.

Con un tamaño cercano al vinilo (nosotros lo tenemos en CD), Arrullo sideral tiene altas dosis de honestidad, así como una belleza en ciernes que se yergue tomando fuerza de la duda y la fragilidad. Hablamos de una docena de piezas cargadas de melancolía en las que destacan arreglos y ejecuciones de invitados notables. Susurrante, Jaime conoce los límites de su voz, por lo que canta al oído compartiendo el mundo en que vive y cree. Es así como su disco/libro se vuelve crónica gráfica, viaje onírico, álbum fotográfico… representación diáfana de él mismo, lo que no muchos autores pueden presumir hoy en día. Quienes lo conocemos entendemos la necesidad de retardar este trabajo, tal como pasa a la bola de nieve que crece mientras desciende. Celebramos su logro. Déjese arrullar por este trazo que finalmente existe y se extiende, generosamente. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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