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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Rafael Mendoza, un grande

Rafael Mendoza nos hizo llegar seis de sus discos. Cumplió palabra tras un breve encuentro motivado por el amigo compartido. Lo que habíamos escuchado de él era poco, pese a las muchas recomendaciones de cantautores en cuyas voces resonaba un alto respeto. Nunca habíamos hablado con él en persona. Qué buen compositor, letrista y guitarrista es. Perdónenos la ignorancia sus muchos y fieles seguidores. Ahora entendemos el porqué de tan unánime aplauso. No es gratuito que Óscar Chávez, Amparo Ochoa, El Negro Ojeda, Betsy Pecanins, Eugenia León y Nina Galindo hayan cantado sus canciones.

Instrumentista original, Rafael se muestra inconforme ante progresiones y ritmos fáciles o simplemente funcionales. Es evidente su oficioso compromiso tanto en lo musical como en lo lírico. ¿Lo ha escuchado, lectora, lector? Si sí, repáselo y atestigüe su soliloquio A lira y voz el próximo 18 de mayo en el Cocoliche de la calle Versalles, en Ciudad de México. Si no, aproveche este domingo para acercarse a su valiosa y prolífera necedad (y también vaya a escucharlo en vivo). Esperamos que nuestras líneas abonen a su curiosidad y que desvele así su variadísimo repertorio. Para hacerlo pudiera seguir la siguiente ruta.

Del disco ¿Qué me pasa?, debut con vena latina, comience dando atención a una trilogía que menciona al sol: “De noche”, “Aquí y afuera” y “Puede ser”. La primera es una espléndida y ácida balada que le gustaría a Carlos Santana, apta para la madrugada. Un bajo ronronea comenzando la segunda de ellas, antes de que lleguen las armonías sofisticadas de sus coros. Es muy buena. La última aceptaría arreglos con orquesta o combo grande, pero nunca sabremos sus posibilidades para el baile. Eso es algo que nos gusta en la obra de Mendoza. Minimalista, con la guitarra y la voz al frente, continuamente da en la diana sin grandilocuencias vanidosas. Ello no quiere decir, desde luego, que no tenga grabaciones y arreglos con dotaciones mayores, también efectivas e inteligentes. Pero lo que más luce es su perfil juglaresco.

Del disco Fin de siglo le recomendamos… prácticamente todo, comenzando por su texto introductorio. Allí dice: “Miembro del movimiento de la nueva canción desde los años setenta, Mendoza sabe escuchar todo aquello que aporte a su trabajo más allá de géneros, modas y encasillamientos tan selectivos como inhibidores del potencial creativo.” Para describir a otros cantautores estas líneas parecerían exageradas o soberbias. En el caso de Rafael, sin embargo, sólo hay que escuchar sus variadísimos experimentos para estar de acuerdo. Además, no importa la zona que pise, no pierde originalidad ni sacrifica personalidad.

Acompañado por las seis cuerdas y un par de coros de Elizabeth Meza y Malena Durán, Fin de siglo es una obra que invita a la contribución activa. Escuchándola imaginamos capas que resuenan hasta la fuente originaria de cada canción. Música clásica, bolero, trova, blues, rock, bossa, balada… todo se mueve en flujos subterráneos, mas sin romper la definida corteza de un mundo que alcanza genialidad.

Puede seguir entonces con el disco Esta locura, grabado en vivo en el Café Corazón, por el año 2003. Hay allí una docena de temas entre los que destaca el magnífico “¿Quién parará esta locura?” (también con versión en estudio), compuesto con cuatro décimas de pie forzado inspiradas en una canción de su amigo Marcial Alejandro. Hablamos de una brillante relojería cuya actualidad duele. En el disco, además, hay otros momentos gozosos en que se nota la admiración de Mendoza por el airado vibrato de José José.

Puede entonces continuar con Soy mi voz de 2010; o con Esté donde esté de 2011; o con Mil años después de 2015… Eso es lo que haremos nosotros, justo ahora pues ya lo dijimos: todos estos fueron los títulos que nos compartió Rafael. A cada uno le puso el año de grabación con un plumón dorado. Desde aquí le agradecemos el eco y, sobre todo, el tantísimo talento. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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