Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Cinexcusas
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Cinexcusas
Cinexcusas
Por Luis Tovar

Un cineasta por los cuatro costados

Hacia el primer tercio del año pasado Rafael Aviña publicó Mex Noir, cine mexicano policíaco, en el que aborda con amplitud este género, relativamente soslayado por investigadores e historiadores. A principios de este año presentó No queremos olimpiadas, queremos revolución, breve y entrañable volumen que combina los apuntes autobiográficos con el registro puntual del cine que se ha hecho en torno al movimiento estudiantil de 1968. Apenas dos meses después, incansable y prolífico, el nacido en Ciudad de México entrega Un cineasta llamado Ismael Rodríguez, extenso volumen biográfico en el que se ocupa, dicho clásicamente, de la vida y milagros de quien es, en opinión de muchos especialistas, el director cinematográfico mexicano más relevante.

Fiel a su costumbre, Aviña toma como punto de partida una investigación propia que se caracteriza por su profusión y profundidad, emanada de numerosas fuentes documentales lo mismo que de su memoria privilegiada –escucharlo hablar del cine mexicano clásico siempre es un auténtico placer–, todo lo cual redunda en un discurso que rebasa, y con mucho, la mera recopilación y exposición de datos para convertirse en un relato con aires de primera mano, tal como si el autor hubiese sido testigo directo de aquello que cuenta. Esa capacidad de Aviña es la principal diferencia entre su trabajo y el de otros autores, afectados ya de una inexplicable arrogancia –por ejemplo, el tufo perdonavidas de Emilio García Riera es insufrible–, ya de una lejanía que raya en la indiferencia y que, lejos de abonar a una objetividad jamás asequible por completo, acaba por distanciar al discurso de su receptor. Por el contrario, y para bien, el trabajo de Aviña siempre rezuma conocimiento riguroso, pero también evidente gusto e inclusive admiración por el género, la película o el personaje del que se ocupa.

Es el caso de Un cineasta llamado Ismael Rodríguez, editado por la Cineteca Nacional, que cuenta con investigación iconográfica igualmente rica a cargo del propio autor en colaboración con Patricia Talancón Solorio y David Guerrero Placencia. Dividido en treinta y dos capítulos, un prólogo y un epílogo, Aviña recorre las numerosas estaciones vitales y profesionales de este auténtico hacedor de estrellas, indudable luminaria él mismo, nacido en 1917 y muerto hace quince años. Ahí están los primeros pasos cinematográficos de Ismael y sus hermanos, igualmente dedicados al séptimo arte, su ascenso irresistible, la mancuerna inmortal que hizo con Pedro Infante, el descubrimiento de la célebre Evita Muñoz Chachita, su trabajo con Germán Valdés Tin Tan, los cómo y los porqués de la cúspide del cine mexicano popular que significa la trilogía Nosotros los pobres, Ustedes los ricos y Pepe el Toro, así como esa otra cumbre insuperable, aquí de la comedia ranchera, que significa Dos tipos de cuidado, más un etcétera que los lectores harán bien en conocer de primera mano en el libro, del cual este juntapalabras no resiste la tentación de dar una mínima muestra:

“Primero fue pizarrista, microfonista; después trabajó en construcción del set, posteriormente se encargó del equipo de sonido sin ser ingeniero […]

Ismael fue siempre uno de los cineastas más jóvenes y prolíficos de su tiempo, miembro de una numerosa familia de diez hermanos, de los que sobrevivieron seis. Hijo de Ismael Rodríguez Granada y Maclovia Ruelas de Rodríguez. Alumno sobresaliente en la escuela al que le gustaba adelantarse a su edad. Trabajó como extra sin cobrar, fue asistente de sonido en el laboratorio de Jorge Stahl. Obtuvo el premio por el Mejor Sonido a los 19 años de edad y fue el director más joven de su época. En 1939 fundó al lado de sus hermanos Roberto y Joselito la empresa Producciones Rodríguez y en 1940, además de fungir como editor y asistente de dirección, escribió el guión de ¡Ay Jalisco no te rajes! (1941), dirigida por su hermano Joselito.”

Dicho con otra frase clásica: el cine mexicano de la llamada Época de Oro no sería el mismo, y es imposible de entender, sin la presencia de Ismael Rodríguez. Esa es su importancia y, en consecuencia, lo es también de este nuevo libro de Rafael Aviña.

 

comentarios de blog provistos por Disqus