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Las que hoy ya no están
"Los objetos en el espejo", Rafael Fernández de Castro, Siglo XXI Editores/Universidad Nacional Autónoma de México/ El Colegio de Sinaloa, México, 2019.
Por Carlos Torres Tinajero

¿Hay fronteras entre realidad y ficción? ¿Dónde empiezan y dónde terminan? Esas son las preguntas que surgen al leer Los objetos en el espejo. La novela llega a la médula de un conflicto social in crescendo en nuestro país: las desapariciones de personas en ciertas zonas del Estado de México, de las cuales dos terceras partes son mujeres.

Para contarnos una parte de esta historia novelada, Fernández de Castro recurre al personaje Jaime Sámano, un periodista con una sensibilidad a flote, quien investiga el caso judicial de Sofía Sámano, estudiante de preparatoria, desaparecida en Valle de Bravo tras una fiesta escolar con un desenlace fatal.

La novela retrata una de las imágenes más escalofriantes del crimen en nuestro país: el cuerpo de una quinceañera a punto de ser identificada sobre la fría plancha del Servicio Médico Forense en Ecatepec. Desafortunadamente para él, esa niña de quince años sólo es una más, no Sofía Sámano.

Quizá una de las virtudes más importantes en este libro es recordarnos que tras las cifras oficiales de desaparecidas en el Estado de México hay un rostro humano sensible, una mujer de carne y hueso, Sofía Sámano, quien hoy debería estar entre nosotros y ya no está.

Un jueves, feriado por Día de Muertos, a Sofía Sámano la vieron por última vez en Valle de Bravo tras una fiesta en un antro llamado La Patona, con compañeros de la escuela. Un desconocido “se la llevó” para abusar de ella. Los demás asistentes regresaron a sus casas con la incertidumbre de tener una amiga “desaparecida”.

Hay que enfatizar la dimensión humana y la carga emocional de la desaparición de Sofía Sámano. Hablar de desaparición es hablar de un limbo afectivo en la existencia humana. Los padres y los amigos de ella no sabían si estaba viva o muerta. La novela de Fernández de Castro dibuja uno de los desconsuelos más graves de cualquier persona en la actualidad. Cuando alguien muere, a pesar del dolor, los familiares conocen exactamente el trágico paradero; cuando una persona desaparece, al contrario, el desconsuelo es mucho mayor, pues la espera incierta tiende a desgastar emotivamente.

En la investigación periodística de la novela, Jaime Sámano descubre que los responsables de la desaparición de Sofía Sámano estuvieron a cargo de Tobías, quien tiene una casa en Valle de Bravo y es hijo de Claudio Henkel, uno de los contratistas consentidos por el gobierno federal.

La trama revela la lamentable vulnerabilidad social de las mujeres. No sólo se trata de la desaparición de Sofía Sámano; también, por desgracia, se cuenta la violación multitudinaria que sufrió a manos de algunos asistentes a La Patona, prófugos de la justicia.

Otra parte de la novela retrata fielmente a la juventud en Valle de Bravo, para contextualizar los posibles motivos de la desaparición. Se trata de muchachos con poder adquisitivo, fiesteros, acostumbrados al preocopeo y al cigarrillo antes del futbol, uno de los símbolos de identidad en aquella región del país. Fanáticos de cantantes extranjeros como Justin Bieber o Shakira, llevan a sus últimas consecuencias el desinterés por los otros, hasta desentenderse de las implicaciones éticas de sus actos.

Poner al descubierto ese falso “nihilismo” es parte de la tarea periodística de Jaime, a través de entrevistas en La Patona, para darle un peso ético y social a la desaparición de Sofía. Empero, aparentemente “nadie vio nada”. Por azares del destino, a Jaime le entregan un sobre en una plaza pública con el teléfono de la familia Henkel y un catálogo de niñas “extraviadas”. Le piden dinero para que lo “conecten” con los dueños del negocio y lo llevan a un paraje desconocido, cerca de Avándaro. Al pedir información sobre el paradero de Sofía Sámano, se mete en problemas con la banda criminal.

Para contarnos otra parte de la historia, Fernández de Castro recurre a un narrador-testigo. Joven, parte del ambiente festivo, tocayo del periodista, Jaime regresa a su casa en la zona residencial de Santa Fe en Ciudad de México para contarle a sus papás de la desaparición y del enfrentamiento entre las familias Sámano y Henkel. La importancia narratológica de Jaime es ser un contrapeso a la versión periodística reinante en la novela y arrojar cierta esperanza sobre la sobrevivencia de Sofía.

Luego aparecen los cabos sueltos de la historia: tras el juego de “botella” con Tobías, Sebastián y Enrique Henkel, Salvador Vaca, el chofer de los Henkel, le ofreció un aventón a Sofía Sámano. En la madrugada, Salvador Vaca tomó decisiones irremediables que lo llevaron a arrojar el cuerpo de Sofía Sámano al lago de Valle de Bravo, como lo declara en su diligencia judicial.

Rafael Fernández de Castro entrecruza elementos ficticios y reales para revelar una triste dinámica de violencia, y entrega una novela estremecedora en la que el protagonista no sólo es Jaime Sámano, sino las mujeres desaparecidas en el Estado de México, que deberían estar con sus familias y que hoy ya no están.

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