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Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro

Bosco Sodi y la Fundación Casa

Wabi (III y última)

 

En las dos columnas anteriores (14 y 28 de abril) se reseñó el proyecto de la Fundación Casa Wabi en Puerto Escondido que el artista visual Bosco Sodi ha impulsado y financiado desde 2014. El pasado mes de marzo se inauguró en ese espacio la colosal instalación site-specific titulada Atlantes, realizada por Sodi a lo largo de los dos últimos años. Se trata de una obra de land art que se compone de sesenta y cuatro cubos de 2 metros de altura, conformados por mil 600 ladrillos cada uno, dispuestos en una plataforma a manera de una cuadrícula estrictamente simétrica, como si se tratara de un tablero de ajedrez. Los 102 mil ladrillos fueron modelados a mano por el artista y su equipo de artesanos locales en su taller de Casa Wabi, donde el horno tradicional se ocupó de la cocción a lo largo de casi mil horas. La colosal pieza minimalista colocada frente al mar e inmersa en la frondosa naturaleza, continuará su proceso de existencia bajo la égida de los azares del tiempo, como bien señala Dakin Hart, curador en jefe del Museo Noguchi de Nueva York: “Toda esa masa crea un espectáculo de solidez. Pero pronto comenzará a cambiar. Los animales se instalarán en sus muchas grietas. El clima irá a trabajar en cada una de sus 614 mil caras. Eventualmente, el concepto artístico de un minimalismo sublime y preindustrial quedará atrás: pasando del arte a la arqueología, luego a la naturaleza, y finalmente del polvo al polvo.” Atlantes es una pieza espectacular, audaz y contundente, que engloba las búsquedas estéticas en cuanto a la forma y la materia que Bosco ha explorado a lo largo de su quehacer artístico.

Con sus pabellones creados por renombrados arquitectos internacionales y su programa de actividades culturales para y con las comunidades de la región, Casa Wabi Puerto Escondido se ha convertido en un punto de referencia en nuestro país y en el extranjero. Pero este ambicioso y loable proyecto no termina ahí. En Ciudad de México abrió sus puertas en 2016 Casa Wabi Santa María, en la esquina de Dr. Atl y Amado Nervo, en la colonia Santa María la Ribera. La finalidad de esta sede es crear un vínculo con el proyecto de Puerto Escondido a través de un programa de exhibiciones que va de la mano con un proyecto educativo dirigido a la comunidad de este barrio tradicional. La casa fue bellamente restaurada por el arquitecto Alberto Kalach, quien acertadamente optó por mantener la atmósfera de la época en el interior del edificio y transformar las terrazas y las azoteas en exuberantes jardines interiores. Casa Wabi Santa María es la sede de la Fundación, y en su espacio conviven una exposición-venta permanente de muebles vintage de la firma Decada, un taller de restauración y un espacio de exhibición para la promoción de artistas mexicanos emergentes. Esta galería es un concepto sui generis pues mantiene sus puertas abiertas a la calle de Dr. Atl sin un custodio que la resguarde, con el fin de propiciar la entrada libre a los transeúntes. La curadora Paola J. Jasso me comenta que este año se exhibirá el trabajo de cuatro jóvenes artistas mujeres que hayan participado en las residencias en Puerto Escondido y que no colaboren todavía con ninguna galería. Daniela Libertad presenta actualmente tres dibujos bella y finamente elaborados con lápiz de color y una pieza tridimensional que hablan, con un tono poético, sobre el concepto de lo incorpóreo.

En 2017 se inauguró en Tokio la Casa NaNo, tercera sede de la Fundación que funciona como residencia para jóvenes artistas mexicanos que son invitados durante un mes para fomentar en su quehacer creativo el desarrollo de experiencias en torno a la cultura japonesa. La Fundación Casa Wabi cuenta con un espléndido libro de 152 páginas recién editado en Italia bajo el sello de Rizzoli-Electa, en el que se puede apreciar en conjunto todo este grandioso proyecto que todavía dará mucho de qué hablar. ¡Enhorabuena a Bosco Sodi y a todo su equipo de colaboradores, y larga vida a Casa Wabi!

 

 

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