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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Notas y letras en León

 

Hace una semana nos invitaron a la Feria Nacional del Libro de León para conversar con tres colegas (Gina Jaramillo, Joselo, de Café Tacvba, y Alejandro Franco), sobre música y literatura. Palabras más, palabras menos, estas fueron las líneas que compartimos aquella tarde.

León, Guanajuato. Jueves 2 de mayo: Hace poco más de una década nos dimos cuenta de algo: ejercíamos tres de los empleos peor pagados de México: músico, escribano y maestro. Ya se sabe: normalmente tocar, arrastrar la pluma o enseñar colocan a sus oficiantes en la parte baja de nuestra escala laboral. Pero, ¿no parece una locura que aquello que templa el espíritu, los afectos e intelectos resulte el peor rumbo profesional que alguien puede tomar dentro de una nación?

Si hablamos de esto no es por esnobismo o presunción. Quisiéramos señalar la imperativa necesidad de leyes que impulsen, estructuralmente, pedagogías diferentes para el aprendizaje de la música y la literatura en etapas tempranas. Pero bueno, no hay voluntad política suficiente. Ya se sabe.

En las últimas semanas hemos atestiguado situaciones violentas que podrían enfrentarse con una creatividad diferente si quienes mueven nuestros hilos tuvieran una mejor educación profesional, sí, pero también sentimental. Del #MeToo a la masacre de Minatitlán o al balazo contra Aideé en su salón de clases, pasando por el abandono a una mujer enferma afuera del Metro… en éstos y muchos otros casos observamos indolencia, falta de alteridad, valoración de quienes nos rodean.

¿Música y literatura podrían cambiar eso? Ayudarían, sin duda. Hermanas gemelas que nacieron sin poder plasmarse en soportes físicos hasta que chocó la piedra contra la piedra. En ese acto se inscribió el primer signo, pero también el primer ritmo. Desde entonces sirvieron para crear sociedades y cultura. Fueron motor cuyas bondades van más allá de la estética, el arte y el entretenimiento.

De los primeros muecines que cantaban el Corán a los juglares medievales y de ellos a Gil Scott Heron o Residente pasando por José María Cano, Jorge Drexler, Caetano Veloso, Alejandro Sanz o Juan Luis Guerra… Sea en el hip hop, el spoken word, el rock, el pop o en cualquier canción de Café Tacvba, no hay música sin literatura ni literatura sin música. Lo que hay es un baile, una negociación en que las partes reducen sus poderes en favor de la unión.

Dice el investigador Darío Jaramillo: “Es inevitable señalar el desprecio –casi nunca admitido– que en nombre de la Poesía y la Cultura se ejerce contra la canción.” Pero la verdad es que la poesía que cabalga canciones es la única que mucha gente conocerá en su vida. Allí su relevancia. Y ojo: las canciones son maestras cuando no hay maestros en las aulas.

Escribíamos esto mientras en un noticiero matutino daban cuenta sobre la reforma a la Reforma educativa. Entre los rostros de diputados desmadrugados y el terrorífico recuerdo de la maestra Elba Esther Gordillo, tratábamos de recordar artistas que supieron escribir poemas, cuentos y novelas pero también música. Por momentos sentimos que nada valía la pena sin las leyes del futuro. Pero luego recobramos ánimos. Entonces aparecieron los nombres de Leonardo, Boris Vian, Felisberto Hernández, Leonard Cohen, Chico Buarque, Wynton Marsalis, Andrés Calamaro, James Rhodes, Pablo Carbonel o el propio Joselo Rangel. Felizmente, siempre habrá necios dispuestos a cruzar la frontera.

En el mundo de la especialización dedicarse a dos o más cosas es algo raro, dicen los ignorantes. Lo mejor, empero, es contaminarnos. Saber de muchas cosas. Como dice el filósofo Rob Riemen: “los gobiernos de hoy se apoyan en paradigmas científicos, pero lo que necesitamos son paradigmas humanos, aunque nos equivoquemos”. Y sí: música y literatura reflejan fielmente nuestra humanidad. Acudamos a su enseñanza. No hay transformación social sin un cambio individual. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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