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Cinexcusas
Por Luis Tovar

 

El más reciente del compañero Ayala Blanco

 

Aventura, búsqueda, condición, disolvencia, eficacia, fugacidad, grandeza, herética, ilusión, justeza, khátarsis, lucidez, madurez, novedad… desde la ya lejana década de los años sesenta del siglo pasado (auténtico pleistoceno para las nuevas generaciones, por más que la realidad –de la cual el cine meidinméxico es obvia parte– muestra sin lugar a dudas una curiosa naturaleza cíclica, en virtud de cual lo/de/hoy tiene claros visos de otra/vez/lo/de/ayer), en todo eso ha consistido la cinematografía mexicana según la perspectiva de ese maestro incontestable de la crítica fílmica que es Jorge Ayala Blanco, catedrático del CUEC desde 1964; Premio Universidad Nacional 2006 en Docencia en Artes; medalla Salvador Toscano al Mérito Cinematográfico y medalla Filmoteca de la UNAM, ambas en 2011; Premio Fénix de la Fipresci en 2015, entre otros reconocimientos a una labor que, como se ha dicho aquí en anteriores oportunidades, destaca no sólo por su longevidad, su constancia, su consistencia y su monumentalidad –es pasmoso advertir, al leerlo, cuánto ha visto, cuánto recuerda, cuánto y cómo asocia el maestro Ayala, no sólo cinematográficamente hablando– sino por su elevado nivel analítico y conceptual.

Dígase también una vez más: el estilo, la escritura misma, para no hablar de la actitud y la postura crítica ayalablanquianas vistas en conjunto, le resultan indigestas a Másdeuno, pero eso no habla mal de Ayala sino de Másdeuno, cuya indigestión es indicativo inequívoco de cierta adolescencia profesional, por llamarle de un modo amable, consistente en equiparar –craso, gigantesco error– el postmodernísimo “me gusta” con “es relevante” y, en consecuencia, ignorando por inconfesa incapacidad asimilativa –algo así como el muy pueril “si no le entiendo es que no está bien escrito”– un material teórico insoslayable, si lo que se desea es hacer crítica cinematográfica seria y no los mamarrachos –sobre todo en video, pero también cometidos a teclazos– a los que, por desgracia, Mediomundo se viene (mal)acostumbrando.

Debería ser innecesario repetirlo, pero va también de nuez: el cine no existe sólo en la pantalla –la grande, aunque cada vez menos– sino, sobre todo, en los ojos y la mente del espectador, de tal modo que los correlatos teóricos, analíticos, críticos, en particular los vertidos en la escritura, son asimismo parte del fenómeno cinematográfico. Para decirlo rápido, no hay cine sin crítica y, a despecho de sus malquerientes, no hay cine mexicano –al menos desde mediados del pleistoceno sesentero– sin al menos un texto alusivo a cargo de Ayala Blanco.

 

Hay de ñeros a ñeros

 

La décimo quinta entrega de Ayala Blanco tocante a la cinematografía nacional lleva por título La ñerez del cine mexicano, y es el propio autor quien explica la razón del paraguas conceptual: “ñerez porque el tema central […] es la búsqueda de lo popular, la casi desesperada búsqueda de lo popular en el cine mexicano actual, cualquier cosa que sea eso, por el camino que sea y al precio que sea”. Lo dice a propósito del término “ñero”, mexicanísimo sustantivo aféresis de “compañero”, y lo dice a propósito del cine que revisa –un centenar de producciones entre largo, medio y cortometrajes de ficción, documentales y de animación, que van de 2014 a 2018–, pero aplica perfectamente a su ejercicio, pues el volumen entero es “sobre todo una cacería intelectual en pos de sus variaciones reflejas del lenguaje popular”.

Dividido en los apartados “summa”, “franquicia”, “secunda”, “prima”, “documenta”, “mínima” y “feminea”, todos precedidos por “la ñerez…”, el cine mexicano actual es lo mismo tributario y crepuscular que obsedente, infrapornógrafo, indeterminado, femidiverso, feminvisible, materojete, remordido, predestinado, fáustico, familocéntrico, masturbatorio, lisérgico, victimológico, reciclado, idiotófilo…

Al cine mexicano, bien se sabe, no es fácil verlo cuando no se trata de los predecibles y ya infaltables petarditos martahigaredescos, por englobarlos de algún modo. Para conocer –y entender– ese y todo el otro cine contemporáneo, ahí está La ñerez del cine mexicano. Lea y disfrute.

 

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