Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / La otra escena
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / La otra escena
La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

 

Carpinteiro delira sobre el cuerpo de Ángeles Marín

 

Se presenta Sombras en el paraíso, de Alberto Estrella, dirigida por Víctor Carpintero, con la interpretación de Ángeles Marín, en el escenario de La Teatrería mientras abren, recuperan, reconstruyen y reinventan el derruido Círculo Teatral, tras el sismo que alcanzó su inmueble, caja/casa de sorpresas teatrales, espacio solidario, de aprendizaje y creación, en franca oposición al mercantilismo teatral dominante.

En ese peregrinar de espacio en espacio teatral, está también el peregrinar antológico, preciso y creador de Ángeles Marín, que se ha dedicado a indagar en el territorio mental, vocal y corporal de lo femenino, bajo una lupa cuyas revelaciones muestran que si se profundiza, lo femenino se convierte también en una plasticidad abstracta que alcanza a dimensionarse en dos o más sexos, en varias edades y condiciones.

Si se pudiera hacer esa antología de las aproximaciones actorales que bajo distintas miradas literarias ha hecho Ángeles Marín de lo femenino, sería una muestra muy rica en el terreno interpretativo, en las posibilidades epistemológicas que un actor puede desarrollar para entender, más que a un personaje, un tema de lo humano que contacta con un psiquismo que podemos considerar femenino, sometido a distintas problemáticas que conducen al dolor, al insomnio, a lo psicótico, a la soledad melancólica.

Carpinteiro delira sobre el cuerpo de Ángeles Marín las posibilidades expresivas de la espera, el dolor, el deseo, la impaciencia y la rabia. Dirige a una actriz y conduce un texto que también reconoce estas geometrías corporales y nombra y crea un lugar donde transcurre la actriz y su doble, su dolor, el de Alma y el de Doña José, su madre (impostada).

La dramaturgia de Alberto Estrella es impecable y precisa, sobre un monólogo en espejo que también explora el dolor de un cuerpo femenino que se mira mirarse en una temporalidad múltiple. Estrella propone una enfermera (iluminada y colocada por Mónica Kubli, vestida por Alonso Quijano) en la continuidad, en las antípodas, en la oposición: la inmovilidad y el dolor crónico, un cuerpo esculpido en el rigor de la silla que imaginamos primero sedentario, inmóvil, pero al final la actriz nos lo revela en toda su estridencia dolora. Una dualidad que se teje con una sola actriz que en espejo desgarra un Yo que se alterna: madre/hija, con matices que sorprenden y que enjuician la naturaleza de la legitimidad que da lo consanguíneo, y formas de gratitud resultado de la adopción que se convierte en un secreto doméstico. “Por qué no me quisiste decir nunca quién me regaló contigo. Nunca me llamaste por mi nombre completo.”

La propuesta ética, la moralidad de Alberto Estrella, es polémica, sobre todo en esa enfermera encarnada que recorre la sumisión y el hartazgo frente a situaciones que sólo empeoran, donde la eutanasia administrada sin consenso significa el poder absoluto de una compasión psicotizada por la reiteración inútil de un dolor caníbal. La repetición de una fantasía donde un mundo con opciones es el escenario de su libertad posible, eternamente pospuesta a una forma del mañana que no llega y que sólo la muerte del tirano hace admisible.

El juego de la sexualidad es verbal, escénico y profundamente poético, de una verdad que Ángeles Marín instala en un cuerpo que se frota, que pliega y estira, que se entumece, que se pone a cuatro patas, “de perrito”, rebelde a esa soledad que enfrenta la cuidadora de la anciana ensillada, a la que se inquiere en un esbozo que se enuncia como doliente teoría del amor: “Alguna vez estuviste enamorada. Yo no. No quería meterme en líos. Dicen que el amor llega pero yo no creo, yo más bien pienso que uno va y lo busca, que uno elige de quien enamorarse... Tenía la fantasía de que un mecánico me llevara a su taller y ahí en un cuartito me hiciera todo toditito... que el cuerpo sienta lo que recibe… dejar salir con furia mis ganas así y jadear y decir más más adentro más más terminar así tirada sudorosa y no pensar que es pecado…”

 

comentarios de blog provistos por Disqus