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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

¿Qué es un Oscar?


De pronto recuerdo que Guillermo Arriaga detesta que lo llamen “guionista” (“el que hace guiones”), que se considera “escritor de cine”. Jean-Claude Carrière (1931) comparte el visceral rechazo del cineasta mexicano al mote y se define “contador de historias”. El también novelista publicó su primer libro con solo veinticuatro años, aunque es más conocido por su trayectoria cinematográfica que ameritó un Oscar Honorario en 2014. Entre sus guiones y adaptaciones figuran Belle de Jour, El discreto encanto de la burguesía, Ese oscuro objeto del deseo, La insoportable levedad del ser y La cinta blanca, la más reciente de Haneke. Recién ha publicado un entrañable libro que mezcla la narrativa con el arte, Siete cartas más una (Artes de México, UNAM, traducción de Alberto Ruy Sánchez, 2019). Cartas dirigidas a sus dos hijas, concebidas con distintas madres, y cuya diferencia de edad es tal, que la mayor, Iris (de ciencuenta y uno), podría ser madre de Kiara (de dieciséis). A los textos acompañan deslumbrantes fotografías de Héctor Ruiz, Alejandro Gómez Tuddo y Pascal Gros.

Este libro surge tras una conversación del escritor con la productora Natalia Gil Torner, con quien comparte su amor por el clásico sufí La conferencia de los pájaros. Ella le sugirió visitar sus siete valles personales (Colombières, París, Nueva York, Toledo, Teherán, India, México), como en el texto aludido, y desde cada uno, escribir cartas para sus hijas. Lo primero que surgió fue una película titulada Carrière 250 metros. Posteriormente, el libro que nos ocupa. En estas amorosas cartas, el cineasta se mimetiza con los paisajes que recorre y los lugares que revisita, de tal suerte que, por mucho que muten ubicaciones o fachadas, pareciera estar recorriendo esos países tal y como los recuerda, sin dejarse intimidar por los cambios, a veces inconmensurables, como en París, Nueva York y su natal Colombières. Narra, con la misma pasión de aquel joven que se reunía en Toledo o en México con Luis Buñuel para revisar sus guiones, en sesiones de trabajo que podían llegar a ser intensas y violentas, pero jamás aburridas. Incluso su pueblo natal, Colombières, que contaba, cuando él nació, con quinientos habitantes (reducidos a 180 a causa de la segunda guerra mundial) y ha crecido hasta volverse un pequeño centro turístico, cuyos habitantes de mayor edad se esfuerzan por mantener sus tradiciones, ofrece a ojos de Carrière la continuidad de una infancia feliz, en la que el nacimiento navideño de su familia albergaba un invitado muy especial, cortesía del pequeño Jean-Claude: un Buda.

En París realizó sus estudios universitarios; adquirió el virus del cine en sesiones maratónicas en el Cineclub Universitario y la Cinemateca, se topó con el que sería su primer editor, Robert Laffont, casi tan joven como él mismo, estuvo veintinueve meses en Argelia realizando su servicio militar, tiempo que no desaprovechó para filmar, junto con Pierre Éxtraix, dos cortometrajes. El segundo de ellos, Feliz aniversario, ganó un Oscar. Cuando le dieron la noticia al joven Carrière de que su película estaba nominada a los cotizados premios, preguntó con una mezcla de estupor e inocencia genuina, “¿Qué es un ‘Osca’?” Inmerso en la escritura, alternaba sus novelas con guiones solicitados por señores de la talla de Louis Mallé, Milos Forman o Peter Brook, también director teatral, con quien desarrolló una amistad entrañable y una pasión por el teatro que estuvo a punto de apartarlo del cine. En India llevó a cabo su trabajo más íntimo y colosal: una adaptación cinematográfica del Mahabarata, donde materializa su gran amor por este país y su cultura. En India, nos dice Carrière, hay dolorosas carencias económicas… pero en cuestión de imaginación es una superpotencia. Irán, país de origen de su hija pequeña, no podía faltar. “Vemos los países lejanos con un enfoque superficial, convencional. En cuanto ponemos un pie en ellos, todos los estereotipos vuelan en pedazos.” Y a la pequeña y sonriente Kiara le consta que el pueblo de su madre es de los más hospitalarios y serviciales del planeta.

 

 

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