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De amores, peces de acuario y afinidades

A. G. A.

Amor seguro

 

Estaba enamorada del pediatra de su hijo. Sola, en el campo, ¿quién podía culparla?

Aquel amor tenía algo de gran pasión. Pero no era peligroso. El hombre estaba al otro lado de una barrera. Entre él y ella: el niño sobre la camilla de la consulta, el ambulatorio, el personal, su esposa, su marido, su estetoscopio, su barba, los pechos de ella, las gafas de él, las gafas de ella, etcétera

 

 

Peces en el acuario

Miro fijamente a cuatro peces en el acuario del supermercado. Nadan en formación paralela contra una pequeña corriente creada por un chorro de agua, y abren y cierran la boca y miran a distancia con el único ojo, cada uno el suyo, que puedo ver. Mientras los observo a través del cristal, pensando en lo frescos que deben de estar guisados, vivos aún, y calculando si puedo permitirme comprarme uno para la cena, veo también, detrás o a través de ellos, una sombra más grande, indefinida, que cae sobre el cristal y oscurece el acuario, y procede de mí, su depredadora.

 

 

Afinidad

 

Sentimos afinidad con un pensador porque estamos de acuerdo con él; o porque nos muestra lo que ya pensábamos; o porque nos muestra de una forma más clara lo que ya pensábamos; o porque nos muestra lo que estábamos a punto de pensar; o lo que más tarde o más temprano hubiéramos pensado; o lo que habríamos pensado mucho más tarde si no lo hubiéramos leído ahora; o lo que podríamos haber pensado pero nunca habríamos pensado si no lo hubiéramos leído ahora; o lo que nos hubiera gustado pensar aunque nunca lo habríamos pensado si no lo hubiéramos leído ahora l

 

Traducción de Justo Navarro. Relatos pertenecientes a Cuentos completos de Lydia Davis, Seix Barral, Barcelona, 2011, 752 páginas.

 

 

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