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El viaje es el camino
'El camino imperfecto', José Luís Peixoto, traducción de Ricardo Sevilla, Cuadrivio, México, 2018.
Por Vanessa Téllez

Se diría que cualquier viaje abona a la idea de un libro; sin embargo, la tarea de escribir sobre un país cuyas implicaciones no sean sólo turísticas sino sociales, culturales y religiosas es más elaborada que la de quien sólo ejecuta anotaciones destinadas al olvido.

El principal requisito es que el viajero sea un agudo observador del entorno que visita y que haga a un lado la sorpresa para ahondar en el objeto de estudio, orgánico o no. José Luis Peixoto realiza, a través de su más reciente libro, un elaborado ensayo y álbum de postales que desglosa con paciencia y profundo respeto las costumbres y tradiciones de Tailandia, aderezándolas con recuerdos propios y de su familia.

La prosa de Peixoto es introspectiva, es decir, ocurre desde adentro hacia afuera. Observa y analiza, no resume sino que ensaya periódicamente los elementos que contradicen el entorno que ha conocido nuclearmente, como puede ser el país donde se nace o en el que se arraiga, sea o no por decisión propia. Los símbolos de la modernidad presentes en la tecnología, en Tailandia se intercambian por imágenes que reiteran el apego por las tradiciones, es decir, por el pasado. La capacidad de análisis en Peixoto pretende hurgar más allá de la observación que haría un turista apabullado por las sugerencias que un folleto de agencias promovería.

El camino… se compone de diversos apartados literarios, se reconoce como un laboratorio de distintos géneros escriturales. La crónica, el ensayo y la novela confesional son los apartados por los cuales acontecen las imágenes que Peixoto desglosa. En cada uno de ellos, el lector se encontrará con la mirada lúcida, tierna, generosa y profunda de un autor cuya observación es itinerante pero no errática, comprometida mas no sedentaria.

No obstante la algarabía con que Peixoto tiñe su prosa, se percibe la nostalgia e incluso cierta desazón por el contraste tan contundente entre dos mundos cuyos propósitos de vida se alejan consecutivamente. El viaje es el pretexto para hablar de aquello que no ocurre en las calles o en los sitios de interés turístico, sino capas abajo. La historia, que no es una sola, es un rompecabezas de recuerdos, palabras, caminatas, amores y amantes fallidos, y es también el recurso de la memoria para nombrar aquello que es en la actualidad ausencia o pérdida consumada.

El propósito de Peixoto no es sencillo. Se diría que los libros de viajes con propuestas más allá del divertimento, realmente tienen un propósito casi inabarcable, y Peixoto lo sabe cuando, al hablar del tráfico tailandés, desnuda una postal ocurrida a miles de kilómetros de distancia, o quizá lo sabe pero pretende ignorarlo… el viaje ocurre intermitentemente, andando por una ciudad que le restriega el pasado siempre próximo.

Fragmentario, íntimo, ensayístico y poético, Peixoto es un fotógrafo hábil de lo cotidiano. El camino… es un libro vivencial, una reflexión acerca de la idiosincrasia, de lo folclórico, de lo biológico y lo político-social, de los elementos orgánicos e inorgánicos que constituyen la identidad de un país.

Quizá la siguiente frase dentro del libro explique mejor, a la manera de Peixoto, por qué una visión replicada de una imagen es uno de los mayores errores en la humanidad y por qué la necesidad de silenciar un poco la modernidad actual para buscar en lo íntimo la sublime experiencia que sólo acontece a través de los sentidos: “No soy estas palabras, porque no soy sólo palabras. No soy lo que dicen que soy, porque lo que soy no se dice. Esta idea es demasiado vaga porque el mundo es demasiado concreto. Soy el camino. Soy algo que avanza, algo que continuará después de mí.”

 

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