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Tomar la palabra
Por Agustín Ramos

Crímenes y desinformación (I DE III)

 

El 10 de octubre de 2000 Televisa transmitió una conversación de Adriana Salinas de Gortari con su hermano Raúl, preso en Almoloyita. La filtración evidenciaba parte de la conjura criminal encabezada por Carlos Salinas de Gortari y dicho prisionero (digo parte porque el diálogo sólo se refería al robo de dinero público). Instantes después, en el mismo noticiario, Héctor Aguilar Camín participó telefónicamente para lavarse la cara, expresar su desilusión y romper toda sociedad con Salinas, porque “nos ha engañado a todos”. La puesta en escena estuvo a cargo de Joaquín López Dóriga, apodado el Teacher en reconocimiento a su maestría antonomásica para desinformar. Las precisiones, desmentidos, atenuantes y tanto la versión antagónica como la retractación del delator máximo, Raúl Salinas de Gortari, vendrían después, con herramientas potentes y con la reiteración que el penoso asunto ameritaba.

Isabel Miranda de Wallace, presidenta de la organización civil Alto al Secuestro, busca a su hijo Hugo Alberto Wallace Miranda, desaparecido, según dice, el 11 de julio de 2005. A las complicidades obtenidas por ella, de Felipe Calderón para abajo, sumó en 2010 el Premio Nacional de Derechos Humanos entregado por el cómplice mencionado. Investigaciones periodísticas pulcras y profesionales de Guadalupe Lizárraga, Anabel Hernández y Ricardo Raphael, entre otras, llevan a la convicción de que el caso es, además de “falso”, una “fabricación abominable”. A su vez, Isabel Miranda siempre declara que demandará a los comunicadores por daño moral, difamación y calumnias, y lo hace en horarios estelares de la tele, en radiodifusoras que diseminan desinformación a toda hora y ante colegas de López Dóriga, como Ciro Gómez Leyva, Jorge Berry, Carlos Loret, Sergio Sarmiento u otros de similar peso y categoría.

El 20 de agosto de 2012 detuvieron en Nicaragua a los ocupantes de seis Chevrolet Van con droga y 9 millones 256 mil dólares en efectivo. La revisión del padrón vehicular de México implicó a Televisa. Además un fólder y telefonemas indicaron la participación del vicepresidente de Información de Noticieros Televisa en el ilícito. Rastrear este trasiego de droga, lavado de dinero y otros delitos en Honduras, Guatemala, Costa Rica, Panamá y Nicaragua, requirió de Aristegui Noticias y Proceso una investigación minuciosa y de alto riesgo tanto antes como después del descubrimiento. Sin embargo, bastó que el Teacher López Dóriga la desmintiera para comenzar una multiforme campaña de desinformación. Por si eso fuera poco, el 8 de noviembre, menos de tres meses después, el descobijado vicepresidente de Información de Noticieros Televisa recibió de la Cámara de la Industria de la Radio y Televisión el Premio Antena “por su trayectoria como comunicador”, con la participación encomiástica y sobria de Felipe Calderón.

Hay que apreciar las redes sociales sin bendecirlas ni magnificarlas. Sin ellas el narcoprianismo (luego fundamentaré el término) decía la última palabra. Lo tenía todo sin restricciones: el poder y el trono, el púlpito y la tribuna, el micrófono y la voz cantante, el dinero y la fuerza, la bendición y la fama, el prestigio y la palabra, la última palabra: el coro de la granja, la columna de Sansón, el artículo de Fe, la declaración categórica, el horario triple a, las ocho columnas de la prensa que mejor fagocita la información, la cantinela de 24 horas continuas en la nauseabunda radio comercial. Y no era que el público estuviera mudo o no rezongara; denunciaba, contradecía, gritaba en sitios donde nadie oía y su voz se hacía ruido y su ruido se ahogaba sin dejarle de otra que seguir hablando solo, ¡treinta millones de almas de segunda hablando solas!, lamentando su suerte aquí entre nos, entre cuates y barrios, con su gente. Ahora los dueños de la palabra han perdido parte de lo que tenían; entre otras múltiples propiedades, la última palabra, su palabra.

(Continuará.)

 

 

 

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