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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Des/ cifrar al cine en México

(II y última)

Descrito con cifras tomadas del Anuario estadístico de cine mexicano 2018, la situación actual de nuestra cinematografía es como sigue: de 2017 a 2018, la producción de largometrajes creció 5.6 por ciento, al pasar de 176 a 186, de los cuales poco más del cuarenta por ciento fueron documentales –setenta y nueve, para ser exactos. A su vez, casi se alcanzó la paridad absoluta entre producciones apoyadas por el Estado y las hechas con inversión privada (IP) exclusivamente: 99 en el primer caso y 87 en el segundo, para una relación de 53-47.

Del 2000 al presente, la producción fílmica nacional ha experimentado un crecimiento notable: de los 28 filmes generados en aquel año –17 con apoyo de dinero público y 11 de IP –, en 2005 se arribó a un período de producción sostenida alrededor de las 70 producciones, siempre con una clara mayoría de filmes hechos con apoyo gubernamental –por ejemplo en 2009, que de 66 filmes, sólo nueve fueron de IP –, y de 2012 al presente, pasó de superar la centena de filmes, con 112, hasta aproximarse a las dos centenas.

El escollo de siempre

Por lo que corresponde a producción, los datos arriba citados evidencian que al cine mexicano poco o nada le duele. Lo demuestra también la relevancia económica del cine, como parte de las llamadas industrias culturales; he aquí algunas cifras: durante el año recién concluido, más de 30 mil empleos generados, mil 884 millones de pesos pagados en salarios, 4 mil 21 millones de pesos en impuestos y un crecimiento casi cuatro veces superior al de la economía nacional en su conjunto.

El problema sigue siendo, como siempre, la accesibilidad pública del cine que se produce. De los referidos 186 largometrajes, sólo 115 fueron estrenados en salas comerciales, para un déficit de 71, equivalentes al 38 por ciento; en otras palabras, casi cuatro de cada diez películas nunca llegaron a la cartelera. En términos reales, dicha condición de invisibilidad las vuelve inexistentes, y eso no es todo: hay que sumar las producciones que, en años anteriores, sufrieron la misma suerte, de modo que en sólo tres años se han acumulado más películas mexicanas nunca programadas, que las producidas en un año. La pregunta es inevitable: ¿qué caso tiene producir y producir, por cierto rompiendo récord cada vez, si un año tras otro mucho más de la cuarta parte no se exhibe?

De distorsión en distorsión

En el medio cinematográfico suele repetirse una postura no forzosamente cierta ni necesariamente positiva: “Lo que pasa –dice Mediomundo–, es que el cine mexicano –así englobado, como si se tratara de una sola cosa en términos genéricos, estilísticos, temáticos—no conecta, no habla de lo que al público le interesa.” A continuación se esgrime, siempre con arrogantes aires pontificales, que todo “el cine mexicano” es aburrido, azotado, lento, más un etcétera cuyo origen, a fin de cuentas, no tiene nada que ver con las cualidades –pocas o muchas– ni con la naturaleza intrínseca de una cinematografía bastante más rica y diversa de lo que sus detractores podrían reconocer, y sin que por supuesto lo anterior quiera decir que la mexicana es una filmografía sin mella, pues vaya que tiene, y no pocas, pero no más ni peores que, por ejemplo, aquellas de las que adolece el cine preferido por Mediomundo y demás malquerientes.

En realidad, con lo que más tiene que ver esa “desconexión” entre el cine nacional y su público destino, es con las históricas distorsiones de distribución y exhibición cinematográfica, estructurales, que desembocan en otra mayor y superestructural, de percepción. El ejemplo brinca solo, cuando estas líneas son escritas: en un tweet de El Universal se lee: “La película de superhéroes #AvengersEndgame, que es la segunda cinta más taquillera de la historia, regresará a los cines con metraje inédito el próximo fin de semana.” Listo: la película es gringa, fue fabricada exclusivamente para ganar dinero, de eso habla la nota porque esa es su única cualidad, y será utilizada de nuevo para ganar más lana.

El problema del cine mexicano no está en la pantalla, sino frente a ella.

 

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