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Cinexcusas
Por Luis Tovar

El austero Ariel

La sexagésima primera edición del Ariel, máximo galardón cinematográfico mexicano entregado por la Asociación Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), tuvo verificativo el pasado lunes 24, en las instalaciones de la Cineteca Nacional en Ciudad de México. Los galardones fueron repartidos como sigue: Mejor cortometraje de ficción: Arcángel, de Ángeles Cruz; Mejor cortometraje de animación: Viva el rey, de Luis Téllez; Mejor cortometraje documental: Sinfonía de un mar triste, de Carlos Morales; Mejor largometraje de animación: Ana y Bruno, de Carlos Carrera; Mejor guión adaptado: Silvia Pasternac, Carlos Carrera y Fernando j. León Rodríguez, por De la infancia; Mejor revelación actoral: Benny Emmanuel, por De la infancia; Mejor película iberoamericana: Pájaros de verano, de Cristina Gallego y Ciro Guerra (Colombia); Mejor ópera prima: La camarista, de Lilia Avilés; Mejor actor: Noé Hernández, por Ocho de cada diez; Mejor largometraje documental: Hasta los dientes, de Alberto Arnaut; Mejor coactuación masculina, Leonardo Ortizgris, por Museo. Por su parte, Las niñas bien, de Alejandra Márquez Abella, obtuvo cuatro premios de diez nominaciones: maquillaje, para Pedro Guijarro Hidalgo; vestuario, para María Annai Ramos Maza; música original, para Tomás Barreiro, y actriz, para Ilse Salas.

Este último Ariel fue sin duda el único que produjo cierta sorpresa, pues Todomundo daba por hecho que acabaría en manos de Yalitza Aparicio, por su soberbio trabajo en Roma. No obstante, como era del todo previsible, la cinta no se llevó todo a lo que fue nominada pero sí lo más importante: efectos visuales para Sheldon Stopsack y David Griffiths; efectos especiales para Alejandro Vázquez; coactuación femenina para Marina de Tavira; sonido para José Antonio García, Sergio Díaz, Skip Lievsay y Caig Henigham; diseño de arte para Eugenio Caballero, Bárbara Enríquez, Óscar Tello y Gabriel Cortés; y Alfonso Cuarón terminó con cinco Arieles: por edición, en compañía de Adam Gough; guión original, fotografía, dirección y Mejor película.

Resultados distintos habrían sido no sólo extraños sino absurdos, respecto de lo cual cabe un par de reflexiones. La primera, que aun si sus malquerientes porfían en lo contrario, el nivel de calidad de la cosecha fílmica reciente no es en absoluto despreciable, pudiéndose hablar incluso –al menos este juntapalabras lleva un rato diciéndolo– de una nueva época dorada para la cinematografía nacional, de la que precisamente Roma es cúspide indiscutible, como en su época fue –y conviene señalar: sigue siendo hasta la fecha– Los olvidados. La segunda es una obvia derivación: hay mucho y bueno en el resto de una producción abundantísima, pero tuvo que vérselas con un filme fuera-de-serie, de ésos destinados a formar parte de lo más relevante, mundial e históricamente hablando; algo así como haber sido grandes científicos en tiempos de Einstein.

Pobreza obliga

En la ceremonia de entrega del Ariel, Ernesto Contreras, presidente de la AMACC, dijo lo siguiente: “Vemos con preocupación los drásticos recortes culturales. La cultura no es un gasto. La cultura es una inversión a largo plazo. Los creadores no somos el enemigo, queremos construir un México mejor, queremos evitar intereses particulares de manera fáctica.”

Es muy cierto lo que dice; tanto, por desgracia, como el espíritu de un par de refranes: “en todas partes se cuecen habas” y “pagan justos por pecadores”. En todos los rubros del sector cultural hay transas y vividores que han hecho de los apoyos estatales no un modo de vida sino un verdadero negocio, y el cine no es la excepción. Simultáneamente, hay creadores que sin dichos apoyos no podrían realizar una obra valiosa e insustituible.

En medio de esta ecuación, de suyo compleja, está el declarado espíritu de la llamada 4T: no se trata de arrasar con lo que hay, sino de limpiarlo. Está siendo duro tragar ciertos sapos pero, personalmente, no creo que los draconianismos estatales recientes respondan a la ignorancia ni al desprecio por la cultura. Habrá que ver.

 

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