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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Sabor a mar… con apellido García

No pudimos ir a escucharlas a la Fonoteca Nacional. Fueron un éxito, lo supimos y, ahora, lo entendemos. Las hermanas García lo han vuelto a hacer: su segundo disco es, al igual que el debutante Que sepan todos, una obra memorable. La diferencia, empero, es que ahora hay una conciencia superior, tal como el equipo que las soporta. Dicho de otra forma: si en su primer trabajo entregaron la honestidad de su seno familiar guerrerense, con éste dan un brinco cuántico y de concepto pulido, de reto agigantado. Claro, no podía ser distinto si a ellas y a su talentosísimo director musical Mariano García se suman Eduardo Llerenas, Mary Farquharson y Amanda Franco, triunvirato del visionario sello Corason.

La obra en cuestión se llama con atino, Sabor a mar, boleros costeños. Respetando la personalidad, la naturalidad que las hiciera crecer de manera orgánica desde hace un par de años, así como su buen oficio en vivo –allí donde demuestran la estirpe y terruño orgulloso–, Laura y Celia avanzaron en su propuesta tomando riesgos pero sin soslayar canciones clásicas que garantizaran proximidad con audiencias museísticas: “Lágrimas negras” de Miguel Matamoros, “Por qué negar” de Agustín Lara, “Matemáticamente” y “Sabor a mí” de Álvaro Carrillo o “Nunca” de Guty Cárdenas, son cinco temas que se unen a otros diez de fama disímbola, todos provenientes de costas hermanas (México, Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Perú, República Dominicana). Allí la unidad subyacente.

Ahora bien, aunque se siente de lo más natural, el camino arreglístico que intenta Mariano es novedoso, rayano en lo genial. Imagine nuestra lectora, nuestro lector, armonías troveras a lo Guty Cárdenas o Los Panchos pero con esqueletos que caminan del son al bolero pasando por la rumba, aderezados con vibratos y giros bluseros donde las percusiones se contienen o desaparecen dejando que guitarra, bajo y requinto cubran todo espacio del terreno aéreo, con dinámica sabrosa y conclusiones de fina tensión.

Por su parte técnica, gracias a una ecualización-masterización que apuesta a frecuencias medias y graves y no a la típica brillantez huapanguera o sonera, Sabor a mar logra una grabación y mezcla con voces de frontalidad acertada. Claro que la virtuosa presencia del requinto se impone tal como si actuara en vivo, prefiriendo la interpretación sentida a la perfección científica. Ello es tan esencial como las gargantas de sus “hermanas” cantantes quienes, desde su juventud, exhiben un “alma vieja” comprendiendo lo que declaman. En tal sentido se debe celebrar el trabajo del ingeniero Salvador Tercero, asociado a Corason desde hace más de dos décadas.

Ahora bien, además de poder escuchar estas quince perfecciones en plataformas digitales, Corason hizo un esfuerzo extra para plasmarlas en un soporte físico de CD (superior en calidad al mp3, ya se sabe) con todas las letras, lo que en este caso es imprescindible: “La bohemia sin ti, se oye distorsionada, se oye impotente, le faltan tus chasquidos, tus cascabeles, las notas mixolídeas te las llevaste y lo que sonaba hermoso ahora suena desagradable”, escribe el mexicano Marcos Martínez; “Desmayo de una lágrima inútilmente clara, una perla de llanto que resbala en tu cara”, propone Rafael Hernández desde Puerto Rico; “Yo conozco a un chiquillo que por mi barrio es muy popular, siempre se viste de rojo… parece rosa de mi rosal”, imagina Alejandro Almenares en Cuba; “Dime por qué es tan bello el cielo, dime por qué es eterno Dios, dilo que, si sabes todo eso, ya supiste, bien mío, el porqué te amo yo”, eleva el colombiano Jorge Añez.

Terminemos señalando que el repertorio en cuestión va del año 1932 al 2018, lo que aplaudimos con fuerza, pues siempre será conmovedor que artistas nóveles (Laura y Celia tienen apenas dieciocho y diecinueve años) sean el cemento de tradiciones extendidas en tiempo y en espacio. Su talento no defraudará al oído conservador y exigente, ni tampoco a las nuevas generaciones de melómanos que celebran los rumbos de Natalia Lafourcade o Silvana Estrada. Buen domingo. Buenos sonidos. Buena semana.

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