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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

Reivindicar el cuerpo

 

Nadie sabe cómo fue el deceso de Kathy Acker, el 30 de noviembre de 1997, a los cincuenta y tres años, ni dónde descansan sus restos. Se sabe que murió de cáncer en la habitación 101 de una clínica alternativa en Tijuana. Vamos, la mayoría de los mexicanos no saben quién fue Kathy Acker, pero en Tijuana su nombre es referencia entrañable hasta para quienes nunca la leyeron. Gabriela Torres Olivares (Monterrey, 1982), guiándose más por la intuición y la imaginación que por una realidad objetiva, imposible de recuperar, recrea en su novela Piscinas verticales, Premio Border of Words 2017, los últimos días en la vida de esta extraordinaria autora a la que ni siquiera nombra, excepto en el epígrafe y en tres líneas de la página final. Se refiere a ella simplemente como “la escritora”, y lo narra a manera de reportaje documental, empleando tecnicismos cinematográficos, lo cual no extraña pues Gabriela estudia cine en California.

Antes de entrar en materia con Piscinas verticales, me gustaría compartir un recuerdo que conservo de Gabriela. No me gusta asistir a las lecturas en voz alta, quizá porque sufro de déficit de atención. Y sin embargo, durante un encuentro de escritores en Tijuana, aquella jovencita logró engancharme con su lectura de un cuento cuya protagonista tenía síndrome de Tourette. Piscinas verticales es la definitiva confirmación de aquel talento en ciernes. En esta novela, una documentalista se da a la tarea de reconstruir el paso de “la escritora” por Tijuana, pero lo combina con investigaciones asociadas al tema central, como sería la venta camuflajeada de medicamentos prohibidos o en período de prueba, en farmacias y mercados de la ciudad; la forma en que operan las llamadas clínicas alternativas que no emplean medicamentos alopáticos y el proceso destructivo del cáncer sobre el cuerpo. Entrevista a personas que pudieron haber tenido contacto directo con “la escritora”: médicos, enfermeras, un burócrata que es el único que cree recordarla, y las nombradas canarias, especie de “madre subrogada” que cuida de los desahuciados sin familia. También son el puente entre el paciente y el médico, la que los pone sobre aviso cuando advierten la posibilidad del deceso. En algunos casos suplen no sólo al pariente ausente, sino también a las enfermeras que muchas veces se niegan a preparar el cuerpo para su embalsamamiento. Absolutamente ninguno de los entrevistados recuerda haber interactuado con “la escritora”, al menos no están seguros de haberlo hecho, porque a diario tratan con extranjeros que, como ella, acuden a esa clínica en busca, si no de la panacea, por lo menos de prolongar sus expectativas de vida sin recurrir a tratamientos invasivos.

La documentalista comienza su reconstrucción de “la escritora” desde el momento en que ella llega a Tijuana, barajando diversas posibilidad; cómo debió ser su conversación con el taxista que nunca supo que trasladaba a una autora de culto (“famosa” no es la palabra indicada para describir a “la escritora”); qué expectativas tendría ella de cómo sería su vida posterior al tratamiento en aquella ciudad en la que pensaba quedarse como agradecida por haberle salvado la vida…, cómo sería su estancia en el hospital, sus conversaciones con un médico que la consideraba una más entre cientos de pacientes. Hay una descripción maravillosa de cómo luciría “la escritora” en su cama de hospital, y la posibilidad de que a ella, punk, salvaje, performancera, le agradara en el fondo esa imagen de sí misma, “conectada a varias sondas que, lejos de vulnerarla, le dan un halo steampunk, es un pulpo biomecánico que navega hacia la orilla, hacia la orilla de un mundo plano para caer al vacío...”

Gabriela Torres se concentra en los últimos días de “la escritora”, apenas hace mención de algún aspecto de la que fuera su vida triste y sórdida. Su interés no es tanto reconstruir a “la escritora” como solidarizarse con su cuerpo mutilado que ya es número, “producto”; “importado” contra su voluntad. Ante la deshumanización del cuerpo: la humanización de la escritura.

 

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