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Tomar la palabra
Por Agustín Ramos

Crímenes y desinformación

(III y última)

 

El 28 de junio de 1995 Rubén Figueroa ordena reprimir a campesinos. Cómo dicta la sentencia de matarlos en caliente, cumplida en Aguas Blancas, municipio de Coyuca, con resultado de diecisiete muertos, es lo de menos, el costo también lo es: pide licencia como gobernador de Guerrero (en su sabático ayudará a víctimas de secuestro que sean pudientes, que den rescate y que no avisen a la policía). Lo sustituye en el cargo su cómplice Ángel Aguirre Rivero, quien veintiún años después seguirá la senda de su mentor: pedir licencia y cambiar de aires. En diciembre de 2011, con Aguirre de nuevo en la silla gubernamental, aunque ahora con rango constitucional y al amparo de otro partido, la policía guerrerense asesina a dos alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa en la Autopista del Sol; al hecho se suma la insolencia de otorgar post mortem la medalla Belisario Domínguez a un hombre cuya muerte derivó de ese incidente. La premiación ultraja la memoria de Belisario Domínguez y del occiso, pues ocurre tras otros tres asesinatos y la desaparición forzada de 43 estudiantes de Ayotzinapa, en Iguala (según académicos de la Ibero el fin fue estigmatizar a los normalistas: https://desinformemonos.org/tag/gonzalo-rivas-camara/) Pero, aparte del héroe en cierto modo inventado y sin duda promovido por las dos revistas más corruptas de los regímenes salinistas, hubo otra “víctima colateral”, Ángel Aguirre Rivero.

Un espécimen similar a Figueroa y Aguirre es Jesús Murillo Karam, a quien Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio, Salvador Cienfuegos y ex aequo Raúl Plascencia y Raúl González Pérez le deben la siniestra verdad histórica, deleznada por múltiples pruebas –fehacientes y en aumento–, de que se construyó con montajes, tortura a inocentes, siembra de evidencias, sabotaje y obstrucción a especialistas vía intimidación (unam), filtración de patrañas (Solalinde), escamoteo de piezas clave (giei, cidh). A su vez, tv Azteca, Televisa y sus clones, “revelan” telefonemas distractores y reforzadores de la esencia de la verdad histórica, que todo se reduce a una disputa entre cárteles de la droga; lo destacable es que desde 2015 estos petardos noticiosos coinciden como relojes con informes sobre el uso de armas alemanas Heckler & Koch en Iguala (https://www.dw.com/es/mercaderes-de-la-muerte-aborda-explosivo-negocio-de-armas-a-m%C3%A9xico/a-18682412), adquiridas por el Ejército Mexicano y/o compradas ilegalmente. Esta campaña de desinformación puede sintetizarse en un apotegma de Carlos Marín: “Los padres de los 43 debieron pedirle perdón por las ofensas a Jesús Murillo Karam.” Y si bien la tele esponjó la infamia, ni la prensa típica ni Nexos ni Letras Libres se rezagaron: la bufonada de esta última consistió en pretender distraer usando a un padre de las víctimas y aludiendo al activismo obligatorio de los normalistas.

En esta militancia antidemocrática a la que llamo narcoprianismo convergen los políticos típicos (del pri, pan y aliados, caracterizados por mentir, robar y, llegado el caso, asesinar u ordenar asesinatos), los desinformadores (desde los engendros del salinismo hasta la pacotilla de Páramo, Alemán, Hiriart et al. cuya agenda y prosecución de “línea” se ha descrito muy bien como “nado sincronizado”) y a los delincuentes organizados (no siempre y no sólo en el narco). La trinca se completa, pues, con quienes delinquen en forma concertada, no sólo cárteles del crimen sino también –la Operación Berlín lo muestra– asociaciones delictuosas con financiamiento gubernamental y empresarial. Para asomarse a esta colusión recomiendo, de Jean François Boyer, La guerra perdida contra las drogas y, de López Obrador, Fobaproa, expediente abierto (ambos en Grijalbo), WikiLeaks y México [https://www.fayerwayer.com/2019/04/julian-assange-wikileaks-mexico/] Panamá Papers ídem [https://vanguardia.com.mx/articulo/los-mexicanos-que-aparecen-en-panama-papers].

Las heridas siguen abiertas y la impunidad permanece intacta.

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