Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bemol sostenido
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bemol sostenido
Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

 

Caetano Veloso sobre João Gilberto

 

Hace una semana el nombre de João Gilberto quedó tallado en piedra dura. Sobre esa piedra descansa parte de la mejor música humana. Como en las antiguas estelas faraónicas, su eco durará incontables años por más basura que se acumule a sus costados. El artista que ostentaba ese nombre, João Gilberto, por el contrario, falleció a los ochenta y ocho años de edad. Su cuerpo era prestado y estaba enfermo, cansado. ¡Dio tanto! Con él consiguió, en tiempos de éxito inmensurable, trazar el hermoso camino de la bossa nova cuando su voz era un susurro dulce y sus manos tañían en la guitarra armonías celestiales.

Eran los sesentas pero su leyenda continúa. De allí que las reacciones ante su deceso en Brasil, su patria, fueran tan vibrantes. Tristes por esa tristeza popular, masiva, que pierde un ídolo; pero tristes también por el estado en que el músico pasó los últimos años. Dicen que encerrado. Dicen que aislado. Dicen que limitado por una familia que desconfiaba de sus decisiones, las que lo llevaron al endeudamiento, la miseria y la insalubridad. Eso dicen. Cosas todas que pueblos y gobiernos deberían impedir en la vejez de quienes se sacan el corazón cantando, en pos del latido colectivo. Pero qué podemos esperar del ignorante Bolsonaro. Su reacción fue tan patética como criticada.

Así pues, lectora, lector, observe las citas a continuación. Son de una pluma harto mayor que se despidió inmejorablemente: Caetano Veloso: “João Gilberto fue el mayor artista con el que mi alma entró en contacto. Antes de cumplir dieciocho años, aprendí de él todo sobre lo que ya conocía y cómo conocer todo lo que estuviera por surgir. Con su voz y su guitarra, ha reconstruido la función del habla y la historia del instrumento. Ha puesto en perspectiva todos los libros que he leído, todos los poemas, todos los cuadros, todas las películas que he visto. No sólo todas las canciones que he oído.”

Atendamos por favor a esa reconstrucción de la “función del habla y la historia del instrumento” a que se refiere Veloso. La contribución de Gilberto es un cambio de paradigma, es la fundación de una estética que etiqueta definitivamente al alma brasileña tanto en la voz que ronronea como en la guitarra que tartamudea. Y luego dice: “A los ochenta y ocho años, con aspecto de quien no viviría mucho más tiempo, la muerte de João es un evento aterrador. Orlando Silva, Ciro Monteiro, Jackson do Pandeiro, Ary, Caymmi, Wilson Batista y Geraldo Pereira no habrían sido lo que son si no fuera por João Gilberto. Tampoco Lyra, Menescal y Tom Jobim. O todos los que vinieron después. Y los que vendrán. El Himno Nacional no sería el mismo.”

En este punto está claro que el ser brasileño, más allá de la música y como lo conocemos en las últimas décadas, no sería el mismo sin la huella de João Gilberto. “El mundo no existiría”, arriesga un Caetano emocionado para luego precisar: “Sobre todo no existiría para Brasil, que era una región ensimismada e incrédula de la vida real fuera de sus fronteras. João perforó la cáscara. La samba no sería samba sin Beth Carvalho cantando ‘Chega de saudade’. La música no sería música sin la terquedad de João. Fue una iluminación mística. Ningún aspecto del mundo que tuvo cerca puede amenazar la verdadera grandeza de su arte. Y eso era su persona. Es su persona, en todos los sonidos grabados en materia o en mi memoria.”

Vale la pena repetir tres frases. La primera: “Fue una iluminación mística.” ¡Cuánta razón lleva Veloso! En los poetas místicos hay una intimidad que conecta a la palabra con lo sagrado. El canto de João era así: mensaje en jardín cerrado, en capilla o confesionario. La segunda es igualmente diáfana: “João perforó la cáscara.” En otras palabras, fue pivote entre el encapsulamiento de aquel Brasil y el exterior que se alistaba para recibirlo y admirarlo junto a sus cómplices generacionales. La tercera es bellísima por la distinción entre la herencia de “los sonidos grabados en materia o en mi memoria”, ese arte grandioso que no se minimiza con “ningún aspecto del mundo que tuvo cerca” (elegancia pura contra los chismes). Se detuvo su corazón “desafinado”, sí, pero nunca nuestro agradecimiento, mil veces admirado. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

 

comentarios de blog provistos por Disqus