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El corazón de letras de Carballido
'Emilio Carballido', Socorro Merlín y Héctor Herrera, Instituto Veracruzano de Cultura, México, 2018.
Por Rosario Mateo

Alrededor de los años noventa del siglo pasado aprendí que la palabra “ignorante” no siempre debe significar algo negativo. Trabajaba entonces en un despacho de diseño y el editor me preguntó algo que no supe responder; de inmediato y de un modo casi natural exclamó: ¡qué ignorante! En aquel momento me ofendí; sin embargo, poco tiempo después, en un material en el que me tocó trabajar, supe que ignorar algo puede resultar un incentivo. En ese material Einstein decía: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.”

Ante Emilio Carballido, el libro de Socorro Merlín y Héctor Herrera, vuelvo a pensar en lo que significa ignorar. Sabía que el maestro era un importante escritor y un hombre de teatro. No obstante, ignoraba los detalles de su vida y su trabajo literario. Y fue por eso precisamente que disfruté cada página del libro, pues cada línea biográfica sobre Carballido me parecía una experiencia nueva: comencé a leer y enseguida vi la figura de un estudiante que procuraba descubrir su destino profesional. Luego apareció un joven que optó por las leyes pero, al encontrarse con el teatro de Xavier Villaurrutia, quedó enamorado de las letras; las palabras serán desde entonces sus compañeras, sus amores, partes o extensiones casi de su cuerpo.

Emilio Carballido ofrece de entrada una cronología que abarca once páginas. En ellas el camino del escritor se resume y brilla como un sol de mayo: se da noticia rápida de sus obras y del impacto artístico y social que cada una de ellas alcanzó. Se mencionan cargos académicos y premios otorgados. Se recuerdan los estrenos de sus obras teatrales, sus colaboraciones cinematográficas, la fecha en que la Universidad Veracruzana le otorgó el doctorado Honoris causa. Se nombran las obras infantiles que escribió, algunas de ellas impresas por la Secretaría de Educación Pública. Estas páginas semejan una verdadera cápsula de tiempo.

Después de la cronología aparece una presentación donde se pueden leer las siguientes palabras de Carballido: “La actitud básica para escribir consiste en estar dispuesto a saber qué nos enseña la obra y no a saber qué vamos a enseñar a la humanidad con ella, dado que el teatro es un acto extremo de amor a la realidad y a nuestros semejantes.” Ignorar no es bueno ni malo; lo que importa es la actitud básica, como dice Carballido, es decir, hallarse dispuesto a saber.

Las preguntas siempre tienen más de una respuesta y los paseos se disfrutan más si variamos el camino; eso parecen decir los autores de un libro donde vemos al maestro seguir un itinerario al mismo tiempo integral y diverso: “Desde el principio de su producción, Carballido estuvo en contacto con todas las artes y sus creadores, contacto que nutrió su pensamiento y su obra. En ella está la huella de la pintura… En sus obras hay coreografías de danza moderna… Las artes plásticas están presentes en los elementos escenográficos y de vestuario… La música también tiene un papel preponderante.”

Pero si la formación interdisciplinaria de Carballido se destaca en las líneas citadas, también habría que mencionar su propuesta para una enseñanza flexible, que ofrezca al aprendiz una experiencia material del conocimiento mediante talleres y seminarios. La propuesta de Carballido implica un énfasis en la práctica, porque él siempre dijo que aprender a hacer teatro, escribirlo o actuarlo, era producto del ejercicio en el taller. Pienso que la postura del maestro vale para todos los procesos creativos. Al artista le es útil ver el pensamiento materializado, ya sea sobre un escenario, sobre un papel o sobre el viento en forma de música.

Este libro, que comienza con un panorama biográfico, reúne una muy buena muestra de lo escrito por Carballido. La obra dramática mueve enseguida el deseo de contar lo leído, pero lo mejor será que cada uno se acerque a descubrir la maravilla que los autores incluyeron. Entre la obra narrativa compilada destaca Las visitaciones del diablo, así como un fragmento de la novela inédita La ciudad secreta y el cuento “El niño que no existía”. Se incluye además un guión cinematográfico.

Hay un apartado con testimonios que muestran a Carballido bajo diversas luces. Rosario Castellanos dice, por ejemplo: “En Emilio hay una cualidad esencial: la simpatía. Con ella se ha acercado siempre a sus criaturas para comprenderlas, para interpretarlas.” Juan Villoro opinaba: “Era entusiasta de los vinos, los espectáculos, los museos y los chismes… Siempre interesado en el trabajo de los otros… No lo vemos en la oscuridad del foro, pero en el aire flota su sonrisa.” Sabina Berman afirma: “Escribía en unos cuadernos de contabilidad, grandes y de tapa dura. Escribía bajo el cono de la luz de una lámpara con tinta azul… como si el corazón se tradujera en lenguaje sin complicación alguna.”

Al final del libro se incluye lo que llamaré un álbum personal. Es un conjunto de páginas con fotos del maestro. Lo encontramos en su infancia, con su familia; vemos su rostro, su sonrisa. Descubrimos carteles, galardones, portadas. Es un apartado visual que se agradece porque lleva al descubrimiento, al encuentro y, para algunos, al recuentro con Emilio Carballido.

 

 

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