Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / La otra escena
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / La otra escena
La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

Konrad, de la curiosidad al desengaño

 

 

Konrad, el niño que salió de una lata de conservas, de Christine Nöstingler (1938-2018), en la rica versión de Paulina Barros (que reuniversaliza en mexicano este texto de una compleja simplicidad) y que Andrea Salmerón dirige, insuflada de un extraordinario trabajo en equipo que se percibe en todos lo detalles de esta puesta en escena, se presenta en el espacio comercial del Centro Cultural Helénico gracias a la posibilidad de contar con un teatro que está fuera de la codicia de los empresarios de la escena.

Nöstingler, vienesa, logró imaginar –como lo hizo Freud en esa misma ciudad– que el tránsito por un camino lleno de errores es la ruta más natural y simple para llegar a convertirse en una persona y que la historia de ese crecimiento es en realidad el relato de un proceso de desengaño que se inicia en la infancia.

Konrad es en realidad un niño postfreudiano que encaja muy bien en las historias acerca del proceso de desarrollo, donde se muestra el funcionamiento de una metapsicología sostenida en el poder revelador del trabajo del sueño y las vicisitudes de la sexualidad infantil, entendida como un intenso proceso de vinculación que se apoya en un horizonte fantasmático que actúa bajo el influjo del deseo pero, al mismo tiempo, crea su resistencia, llenando el mundo de obstáculos para evitar que el deseo se cumpla, con lo cual dicha resistencia se convierte en una fuente inagotable de creatividad.

Andrea Salmerón borda con una gran agilidad y auténticamente pone en escena el juego, donde los adultos pueden acompañar a sus hijos a develar esta historia que, en el fondo, consiste en un relato sobre la construcción de la honestidad, la sinceridad y un mundo ético sin el cual no existirían juegos capaces de ser jugados ni la enorme gama de sensibilidades infantiles que logran articularse en lo grupal, en el cual consiste el ámbito de intimidad de lo colectivo.

El centro de todo este proceso de transformación radica en lo que me parece el núcleo activo del proceso de conocimiento planteado por Andrea Salmerón, con el respaldo evidente de un equipo que, de manera permanente, mantiene la obra en vilo. Todos aquí saben jugar y las propuestas tanto estilística como de trabajo actoral se trenzan en el bordado fino de una comandancia de todos los esfuerzos. Todos juegan porque esa manera de soñar, como concibió Melanie Klein, ese equivalente onírico de la infancia, a través de personajes y situaciones, le permiten a Konrad desapegarse del pudor que le significa equivocarse y salir de las seguridades implícitas en vivir bajo las reglas contenidas en ese código de barras moral con el que clasifican las distintas formas de domesticación padecidas por los niños, que en la vida adulta fluyen con absoluta soltura, pues no hay nada más regulador, más estable, que la esterilidad emocional que nos hace previsibles y robotizados, amantes de esa mascarada de lo perfecto que alimenta las neurosis del orden.

La exhibición de la eficacia que tiene al público hechizado surge desde el primer minuto en una pareja de narradores, Migo (Sergio Batiz) y Misma (Valeria Fabbri, quien, en un doble papel, también representa a Kitti, la mejor amiga de Konrad). Ellos son el hilo musical que propone a Julieta Venegas, Luis Pescetti (de quien se cantan “Los puercos”, “Los mocos” y “Los changos”) y Silvestre Villarruel (que acompaña la letra de “El pedo”, de Andrea Salmerón). Por el foco colocado en Konrad, el trabajo actoral de Merqui Pradis es notable, pero el de Olga González, quien da vida al mundo de consumo compulsivo de Berti Bartolotti, no es de menos impacto estético.

En la escenografía está la otra clave de la atención de un público que admite el juego deformador propuesto por el trabajo plástico de Tania Rodriguez, en la escenografía, y de Jerildy Bosch en el vestuario. Se quedan demasiadas cosas en el tintero, que seguiré explorando; una de ellas es la anécdota, ingeniosa pero que conocerás por tu cuenta, lector, si te aventuras a ver esta obra, presentada durante todo julio y la primer semana de agosto.

 

comentarios de blog provistos por Disqus