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Prosaísmos
Por Orlando Ortiz

El maestro…

 

…En toda la extensión de la palabra. Sí, José Luis González fue catedrático en la Facultad de Filosofía y Letras y también un excelente narrador. Debieron ser miles los alumnos que estuvimos en su aula, pero podría asegurar que de esos miles fueron muy pocos los que conocimos su obra, y tal vez también numerosos fueron los que ni siquiera se enteraron de que era un narrador de primera línea.

José Luis González (1926-1996) nació en Santo Domingo, República Dominicana, aunque siempre se consideró puertorriqueño, tal vez porque sus padres lo llevaron a Puerto Rico siendo niño; hizo sus estudios superiores en Nueva York; residió en Praga, Berlín, Varsovia y París. En 1943 llegó a México y diez años después adquirió la ciudadanía.

Para José Luis González, el cuento era un género literario superior a la novela. Él cultivó ambos; sin embargo creo que sus mayores logros los alcanzó en el cuento, aunque precisamente su novela Balada de otro tiempo le valió el Premio Xavier Villaurrutia. Para los partidarios del minimalismo (por llamarlo de alguna manera) cuentístico, es posible que las primeras narraciones de JLG sean mejores que los producidos posteriormente, ya en su madurez. Yo no suscribiría tal juicio. ¿Hay diferencias? Desde luego. Gran parte de sus textos primeros son prodigio de economía, concentración y eficacia narrativa (por ejemplo, “Los cangrejeros”, “Pájaros de mar en tierra”, “La esperanza”, etcétera); son cuentos cortos, muy ceñidos e intensos, magistralmente resueltos en cuando mucho, calculo, dos cuartillas o poco más. En los otros, JLG respira con más libertad y sus tratamientos son a profundidad, ahondando en el aspecto humano, más que en la peripecias.

José Luis González Posee un oído muy fino, capaz de captar las hablas de los puertorriqueños de diferentes estratos sociales, tanto del ámbito rural como del urbano, pues en sus relatos encontramos puertorriqueños radicados en la isla o en Nueva York, en Europa (“La noche que volvimos a ser gente”, “Una caja de plomo que no se podía abrir”, “La carta”, “En el fondo del caño hay un negrito”, “La galería”, etcétera), y en cada caso nos presenta peculiaridades léxicas y de mentalidad. A ese oído ultrasensible debe sumarse su increíble habilidad para tejer la urdimbre de sus cuentos, en los que nada sobra ni falta.

Cabe señalar que este dominio de diferentes hablas, modismos, regionalismos y similares no desemboca en un criollismo tardío y simplón, pues los maneja con precisión quirúrgica y naturalidad. De igual manera se desplaza con fortuna por el filo de la navaja en una constante de la temática de sus cuentos —excepto uno, al que aludiré adelante—, en los que late eso que algunos, hace décadas, llamaron “compromiso” y no es más que la preocupación por lo social, por la injusticia existente, por la desigualdad, por la ignorancia, el abuso de los caciques o del imperialismo... en fin, eso tan despreciado años atrás porque se confundía con el “realismo socialista” expresión de escritores no comprometidos sino fanáticos de un partido. jlg no era de ésos, pero sí comprometido con la causa de los jodidos por la explotación o la ignorancia. Esa es, precisamente, la lección del maestro González, que sortea hábilmente los baches del dogmatismo.

Más arriba mencioné que hay un cuento en la producción de este narrador que se aparta por completo de toda su producción cuentística, no porque sea “malo” o deficiente, sino por su temática. Me refiero a “Tercera llamada”, narración que aborda el conflicto de un matrimonio no precisamente puertorriqueño, en cualquier país del mundo, pero... se aproxima decididamente a lo fantástico, lo que contrasta con el realismo del resto de sus relatos.

En los tiempos que corren, creo que asomarse a las obras de José Luis González puede ser muy gratificante —si se aproximan sin prejuicios ideológicos— para el lector en general, y muy redituable para quienes ambicionan adentrarse en la escritura de narraciones cortas bien tramadas y hábilmente resueltas.

 

 

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