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La poesía clandestina de Juan Garrido
'Cuando fui clandestino', Juan Garrido, Rochford Press, Independent Australian Publishing, Australia, 2019.
Por Ricardo Venegas

Al leer los poemas en prosa de Juan Garrido es fácil engancharse con el “sé poeta aún en prosa” de Baudelaire. En sus textos se percibe la tristeza y la frustración del testigo de la crueldad, de la devastación que el odio infringe en los más débiles, las ciudades en llamas que la poesía denuncia. En sus lecturas y en sus vivencias aparecen Neruda, Nicanor Parra, Maiakovsky y Jorge Luis Borges. Este último, al igual que Parra, fue candidato eterno al Nobel de Literatura; la eternidad se lo debe. Es justo decir que hoy leemos a Borges no por sus premios, o por lo que no le otorgaron las mafias literarias. Funes el memorioso o la gran biblioteca de todos los libros posibles siguen intactos: “traté de leer sus poemas a la orilla de su cama, en aquella pieza, cuando le tiré los corridos a la intérprete de la casa museo de Vladimir, para que durmiéramos una siestecita, sin que ella supiera que yo también era poeta”.

Juan Garrido es poeta y canta lo que en su tiempo Miguel Hernández o García Lorca vivieron en los horrores de la dictadura de Franco. Juan fue testigo de la represión de Pinochet en Chile, como suelen reaccionar ante la inteligencia y el arte los regímenes autoritarios. Hay que recordar que el mismo Neruda huía de las perversidades que se fraguaban en su contra, se sabía que nunca dormía en la misma casa más de una vez, igual que Pancho Villa cuando escapaba del ejército estadunidense.

Toda poesía, sin duda, es revolucionaria. En los versos de Juan resuenan los pasos de Roque Dalton, el gran poeta salvadoreño que dice: “Cógele el cuello de una vez, desnúdala,/ túmbala y haz en ella tu pelea de fuego,/ rellénale la tripa majestuosa, préñala,/ ponla a parir cien años por el corazón.” A lo que Octavio Paz podría haber contestado: “Dales la vuelta,/cógelas del rabo (chillen, putas),/ azótalas,/ dales azúcar en la boca a las rejegas,/ ínflalas, globos, pínchalas,/ sórbeles sangre y tuétanos,/ sécalas,/ cápalas”…

No es raro que los poetas del prestigio imiten a los de la aventura, a los del riesgo. En “Cuando fui clandestino” el autor traduce los signos de su tiempo, sabe que “Sólo el misterio nos hace vivir”. Por ello congrega en las voces de sus poemas a un grupo de bardos que tuvieron una postura frente a la realidad. Hay quienes no pueden vivir en la indefinición, decía Ricardo Garibay, “hay quienes no lo soportan, y se suicidan”. Juan sabe que no se puede vivir en la resignación o en el limbo, de ahí el canto incisivo: “Deseo que los niños de Siria puedan caminar en paz a través de los escombros de su calle bombardeada esta mañana.”

La poesía de Juan nos invita al viaje interior, a la contemplación y al crecimiento espiritual. Sí, el teatro callejero de esa época fue como un solcito calentando el miedo que caía en nuestras vidas sobre esa larga noche oscura. Cuando fui clandestino.” No se puede eludir al Miguel Hernández de aquellos versos memorables en los que desafía al dictador: “Ven a Guadalajaradictador de cadenas,/ carcelaria mandíbula de canto:/ verás la retirada miedosa de tus hienas,/ verás el apogeo del espanto.”

Juan Garrido nació en Chile, en 1957. Fue un perseguido político bajo la dictadura de Pinochet. Vive en Adelaida-Australia desde 1990, donde ha creado su obra poética y ha desarrollado la traducción literaria como un puente de comunicación cultural y de memoria histórica y política. Su activismo lo condujo a entender la poesía como un arma cargada de futuro. Ha publicado seis libros de poesía y sus poemas son conocidos en Chile, Colombia, España, El Salvador, Brasil, Europa, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia. También ha traducido al castellano poemas de John Kinsella, Mike Ladd, Judith Beveridge, Dorothy Porter y una selección de poetas aborígenes australianos como Lionel Fogarty, Ali Cobby Echerman, Anita Heiss, Yvette Holt, Jennifer Martiniello, Romaine Moreton and Samuel Wagan Watson. Tradujo el libro de MTC Cronin, Talking to Neruda’s Questions, publicado en Chile. También ha traducido poemas del poeta aborigen Lionel Fogarty al español.

 

 

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